13 junio 2007

Fundido a negro

ALERTA SPOILERS: Es muy probable que en esta entrada haya spoilers sobre el final de "Los Soprano", y cuando digo spoilers, me refiero a destripar totalmente la ya famosa escena final. Vosotros veréis lo que hacéis.

A David Chase deben estar pitándole los oídos desde el domingo por la noche. La escena final de "Los Soprano" se ha llevado, usando un símil taurino, pitos y palmas, y ha dividido al respetable de tal modo, que los blogs teléfilos de USAmerica llevan tres días hablando sin parar del tema. Hay que tener en cuenta que, desde que empezaron a emitirse los últimos nueve episodios de la serie en abril, el pasatiempo favorito de los fans ha sido intentar dilucidar si Tony Soprano llegaría vivo al final o si éste consistiría, precisamente, en su muerte, tal vez rodeado de naranjas, en plena calle y acribillado a balazos, muy a lo Vito Corleone. El caso es que, después de toda esa expectación, la serie termina con Tony, Carmela y su hijo cenando aros de cebolla en uno de esos típicos diner estadounidenses y escuchando "Don't stop believing", de Journey. Tony mira hacia la puerta, en la canción se escucha claramente "don't stop" y... Paf. Fundido a negro, unos cinco largos segundos de fundido a negro, sin sonido y, de golpe y porrazo, los títulos de crédito.
Algunos fans se han sentido estafados, como si Chase les hubiera robado el final que esperaban. Otros piensan que es un gran final, acorde con una serie que ha tenido una gran influencia en programas posteriores. Yo no puedo posicionarme en uno u otro lado porque nunca he sido seguidora asidua de la familia Soprano y sus líos, he visto unos cuantos capítulos, pero sin demasiada continuidad. Cierto es que Chase ha decidido arriesgarse, quizás ha tomado el camino más fácil, como dicen por ahí, pero lo que sí ha conseguido es despedir a los mafiosos de Nueva Jersey causando una pequeña conmoción, y haciendo que estén en boca de todos los teléfilos. No es una mala manera de acabar diez años de la que The New York Times llamaba "la obra maestra de la cultura americana de los últimos 20 años", si no me falla la memoria.
Los finales abiertos pueden tener una gran fuerza (también puede haber quien crea que son una chapuza, una cobardía). Te dejan con una sensación extraña, de inquietud, que suele poner un buen cierre a historias oscuras, o también pueden abrir una pequeña puerta a la esperanza. Lo bueno es que dejan a nuestra imaginación elegir qué pasa después, y explicarnos qué quiere decir ese final inconcluso. Claro, últimamente se abusa de ellos para favorecer secuelas interminables, pero eso ya no es una opción artística, sino una estrategia de mercado.
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