22 junio 2007

De vuelta en el instituto

Las series y películas ambientadas en el instituto son un género aparte. Igual que en las tramas carcelarias, el escenario impone ciertas convenciones, normas y clichés (el empollón, los matones, el baile de fin de curso, el primer amor...), y cuando vemos una de estas tramas, esas convenciones ya asumidas facilitan mucho el seguimiento de la trama y la identificación con ciertos personajes. Por supuesto, esas normas preestablecidas hacen que el género de instituto sea uno de los preferidos para la experimentación y para saltarse todas las normas, aunque formalmente se respeten. Sin embargo, la crítica sesuda tampoco mira con buenos ojos estas historias juveniles, y el público que ya hace tiempo dejó atrás la adolescencia suele tener demasiados prejuicios para acercarse a ellas (algunos fundamentados por todos los bodrios que también se hacen, sobre todo en la forma de películas de los sábados por la tarde).

Quizás una de las piedras angulares del género de adolescentes problemáticos que deben enfrentarse solos al mundo sea "Rebelde sin causa", la película que convirtió a James Dean en un mito. Algunas partes de ese título de Nicholas Ray se han quedado un poco pasadas (no en vano, han transcurrido más de 50 años desde su estreno), pero sigue siendo una película interesante. La adolescencia, desde luego, es una época muy cinematográfica porque está llena de cambios y conflictos y se presta al clásico cuento de camino a la madurez. Ya hemos visto que ésta puede contarse a través de metáforas que sitúan la serie o película en otro género diferente (las consabidas "Buffy" y "Verónica Mars", que apostaron por la fantasía y el noir), o de una manera más seria ("El club de los cinco", por caso). La década de los 80 trajo un verdadero filón de estas películas (recuerdo ahora una muy peculiar, y con un reparto lleno de "casi famosos", como era "Escuela de jóvenes asesinos", cuya protagonista se llamaba Verónica Sawyer), y en los 90 el género decayó en comedietas chorras o películas de terror (aquí no cuenta "Scream", que es una parodia realmente peculiar).
Las que se salvan se dedican a utilizar las convenciones del género para ironizar sobre ellas. El principio de "Fuera de onda" iba por ese camino, con aquel retrato pasado de rosca de las chicas más pijas y populares del instituto. También hay otra, genuino placer culpable, que esconde más mala leche de lo que parece a simple vista, "10 razones para odiarte", una especie de puesta al día de "La fierecilla domada" con dos protagonistas muy poco obvios para lo que se estila últimamente (Heath Ledger y Julia Stiles) y un grupo de secundarios estupendo, con gente como Joseph Gordon Leavitt (que luego protagonizó ese experimento de instituto, "Brick"), David Krumholtz ("Numb3rs") o Allison Janney, que era una divertida directora que escribía novela erótica.
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