08 abril 2010

Cicatrices de guerra

Es cierto que "The Pacific" es diferente a "Hermanos de sangre", y en lo que se nota es en el tratamiento de la psique de los soldados. La primera no podía detenerse mucho en ello porque seguía a toda una compañía, y había demasiada gente para detallar su retrato demasiado. Sí es verdad que, en los capítulos dedicados al asedio del bosque de Bastoña, vemos cómo Buck Compton pierde la poca lucidez que le quedaba al ver a dos de sus amigos malheridos, y que varios soldados lo pasan realmente mal en medio del frío, los agujeros en el suelo y los bombardeos alemanes. En "The Pacific" sólo nos centramos en tres marines, y resulta más fácil profundizar en su caracterización y en cómo la guerra les afectó. Lo que vimos en el último episodio, en el que el grupo de Leckie entra en combate en cabo Gloucester, en una isla cerca de Papúa-Nueva Guinea, no estuvo demasiado lejos de "Apocalypse Now".

Los ataques feroces y nocturnos de los japoneses, la selva, la lluvia constante, los largos periodos de espera, todo lleva a que los marines alcancen un estado mental rayano en la psicopatía y las tendencias suicidas. No es de extrañar que pocos soldados quisieran hablar de aquello al volver a casa, más teniendo en cuenta que el ejército no se preocupaba de su estado mental. ¿Has sobrevivido? Pues reintégrate a la vida que llevabas antes de alistarte. ¿Estás como las maracas de Machín? Básicamente, te aguantas. Y el género bélico tampoco se preocupó demasiado de las consecuencias no físicas, sino psicológicas de los soldados hasta yo diría que la guerra de Vietnam, que cambió muchas cosas en la mentalidad colectiva de los estadounidenses (creo que antes hay alguna que otra excepción, como "Los mejores años de nuestra vida").

A veces, viendo el precio emocional que los marines pagan en esas batallas en la selva de "The Pacific", recordaba "Scar", un capítulo de la segunda temporada de "Galáctica" en el que, a través de las grietas en la armadura de piloto sin miedo de Starbuck, vemos cómo la persecución incesante de los cylones afecta a los pilotos, en concreto. Los guionistas reconocen que se basaron en viejos informes sobre los aviadores estadounidenses en la guerra de Vietnam, todos completamente alcoholizados, para retratar a Starbuck y a sus compañeros a los mandos de los Vipers. También en "Playa de China" se mostraba más de un soldado que perdía la chaveta en medio del combate.

Lo que resulta interesante es leer este reportaje de "The Guardian" sobre las razones por la que la campaña del Pacífico está mucho menos tratada en el cine y la televisión que otros frentes de la Segunda Guerra Mundial, como el europeo o el del norte de África. El padre de Tom Hanks, por ejemplo, fue mecánico de la Marina durante esa campaña, y el actor dice que nunca hablaba de ello, más que para quejarse y decir que odiaba a la Marina. El reportaje apunta que hay un componente de odio racial subyacente que no debe subestimarse, y que se une a que las batallas eran sobre islas pequeñas de las que nadie había oído hablar nunca y que no había un objetivo tan claro en el horizonte como en la campaña europea tras el Día D (liberar París y llegar a Berlín). Estadounidenses y japoneses pertenecían a mundos completamente distintos y se odiaban. Ambas partes cometieron atrocidades de todo tipo sobre su enemigo (la mayor, por supuesto, el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki a cargo de la aviación estadounidense), y el componente racial pasó inadvertido durante mucho tiempo, por los motivos que fueran.
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