10 abril 2010

Cien huesos y un corazón roto

ALERTA SPOILERS: He incluido este aviso sólo por si me voy de la lengua más de la cuenta sobre el capítulo número 100 de "Bones". Para los que aún no lo hayáis visto, sólo diré que está muy bien llevado, y bien pensado.

Hay una norma no escrita que toda comedia romántica debe seguir al pie de la letra: los protagonistas no pueden estar juntos hasta el final. Las que no entran exactamente en ese género pero lo tocan tangencialmente, con una pareja protagonista que están hechos evidentemente el uno para el otro, aunque ellos se pongan en plan personaje de Jane Austen y no lo reconozcan y lo repriman, también han de seguir esa norma para mantener el interés. Como bien dijeron los responsables de "Castle" no hace mucho, "there's nothing sexier than swordplay". El preludio, el flirteo, el "ahora sí, pero no", el jugar con la química entre los personajes da para mucho y puede conseguir que enganches a una buena porción de fans durante mucho tiempo.

Luego está el dilema de qué hacer si tienes una serie de televisión basada en una pareja así, y llevas ya cinco temporadas dando vueltas alrededor de la cuestión. El sentido común dice (o las leyendas urbanas) que el chiringuito se acaba en cuanto esa pareja empieza a serlo de verdad. Mis recuerdos de "Luz de luna" son muy vagos, pero sí tengo la sensación de que ver a David y Maddie juntos, y peleando sin parar, no era precisamente una experiencia agradable. En "Bones" (cuyos responsables son más listos de lo que parece detrás de todos esos cadáveres gore), saben perfectamente que tienen que hacer frente a ese dilema. Tuvimos beso bajo el muérdago (y por chantaje) en la tercera temporada, fantasía en la que Booth y Brennan estaban casados para acabar la cuarta y ahora, en la quinta, un capítulo número 100 que se las ha ingeniado para recalibrar el centro de la serie sin cargárselo.

Usando como excusa el libro que Sweets tiene listo para publicar sobre Booth y Brennan (grandes las caras de frustración de Sweets cada vez que le tiran por tierra algunas de sus ideas), vemos el primer caso en el que los dos trabajan juntos, algo así como un segundo piloto cinco años después. Vemos cómo sólo Zack trabaja con Brennan (echaba de menos a Naomi de Palentología), cómo Hodgins empieza a colaborar con ellos (grandes los momentos de la goma para controlar la ira y el primer experimento de Hodgins y Zack, con éste disfrazado casi de luchador de sumo de Halloween), cómo Ángela entra en el equipo y su trabajo anterior dibujando caricaturas en la calle, y cómo Cam, que todavía es forense en Nueva York, dirige a Booth al Jeffersonian para que le ayuden a resolver un caso que lleva cuatro años abierto.

Lo que igual sorprende un poco es ver cómo Brennan y Booth se caen bien y, de hecho, se dedican al flirteo más evidente en este primer caso. Sorprende porque, en el inicio de la serie, están más tiempo discutiendo que pensando si deberían irse a la cama juntos, pero no debería hacerlo tanto. Ya hemos visto otras veces que no es raro que Brennan acabe ligando con algún compañero (ahí está Sully, y hasta el jefe de Booth en el FBI), pero han hecho falta cinco años para que lleguen a este punto. Todo el episodio, incluyendo unos estupendos guiños a que el despacho de Booth era el que ocupaba Caroline y ese vistazo a un primitivo "Angelator", gira alrededor de la relación entre Booth y Brennan, entre la posibilidad de que, como se viene sugiriendo desde el principio de la quinta temporada, estén enamorados el uno del otro y que se dén una oportunidad a estar juntos.

Y es aquí donde le dan un giro interesante al corazón de "Bones". Porque, aunque Booth toma la iniciativa y se decide a declararse a Brennan, como muy bien vio siempre Gordon Gordon, ella es la clave de todo, es la que debe querer dar el paso. Y no está preparada para ello, no porque no quiera, sino porque no puede cambiar, no sabe cómo hacerlo, y no quiere hacerle daño a Booth. Sí, el discurso de él es muy romántico, pero el que cuenta aquí es el de Brennan. Solamente el modo en el que le pregunta a Booth si pueden seguir trabajando juntos es suficiente para partir el corazón de cualquiera. Porque es el de ella el que de verdad está roto (aunque es un músculo y no se puede romper, pero eso son tecnicismos), a pesar de que es Booth el rechazado, es Brennan por la que sientes más lástima al final (todos los actores están muy bien en este capítulo, pero lo de Emily Deschanel es especialmente notable, sobre todo manejando su voz al final).

Las cosas pintan interesantes hacia el final de la temporada. Con ese reconocimiento de que entre ellos hay algo pero que, por ahora, lo van a dejar pasar (puede ser que perdieran el tren del momento, como les dice Sweets), veremos cómo evoluciona su relación y, también, cómo lo hacen el resto de personajes con respecto a ella. Con esa recalibración del centro, las partes en la suma del todo, como se titulaba este episodio 100, están preparadas para aguantar más tiempo otorgándole un toque ligeramente diferente. El último capítulo de esta temporada se llamará "The beginning in the end" (interesante reflejo del de la cuarta temporada, analizado aquí). ¿Qué empezará entonces?
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