07 abril 2010

Los intocables

El último debate del podcast de "La caja de spoilers", centrado en la figura de Joss Whedon y la gran admiración que le profesan sus fans, lleva a pensar en esos guionistas, creadores de series, cuyo nombre está considerado marchamo de calidad y su sola mencióvisivan hace salivar a multitud de espectadores, que los siguen y ven cualquiera cosa que hagan. Son los intocables, los popes de la ficción televisiva, aquéllos que, a ojos de sus seguidores, no pueden hacer nada mal y, cuando lo hacen, es culpa de la cadena. Whedon quizás es el más geek de todos, el que tiene una legión de fans más joven, ruidosa e interneterizada, y a los que no es raro que otros teléfilos los miren a veces por encima del hombro, considerando las series de Whedon como menores por ser juveniles o de ciencia ficción.

En el apartado de las obras de género, J.J. Abrams es un nombre a tener en cuenta, con una posición ganada gracias al éxito de "Alias" y "Perdidos" (aunque sólo estuvo involucrado en la primera temporada de la segunda), hasta el punto que a veces se olvida que su primera creación fue "Felicity". Es uno de los niños mimados de Hollywood al que le encargan la resurrección de franquicias venerables como "Star Trek", pero no es raro que, en la televisión, lance la serie y luego la deje en manos de algún colaborador de confianza. No es el método de trabajo de Aaron Sorkin, uno de los nombres más asociados al concepto de televisión de calidad, que supervisa sus creaciones al mínimo detalle, escribiendo él mismo muchos de sus guiones. Y algo similar hacía David Milch en "Deadwood", hasta el punto que no era raro que los actores recibieran por fax correcciones del guión que iban a rodar ese mismo día. Milch es uno de los Tres David en los que todo el mundo piensa cuando se habla de guionistas estrella en la tele, y tal vez sea también el más peculiar de todos. Los otros dos son David Simon ("The Wire") y David Chase ("Los Soprano").

Alan Ball iba por el mismo camino de ser considerado un intelectual del medio gracias a "A dos metros bajo tierra", pero ya se ha encargado con "True Blood" de que no lo encorseten tan rápido en los dramas profundos y existencialistas. Todos ellos son los sucesores de gente como Steven Bochco, que era el rey del mambo en los 80 con sus series de policías y abogados (muchas con música de otro gran nombre de aquella época como Mike Post), y son los que no sería raro que su nombre figurara más grande que el título de la serie en algún póster, o en la carátula de algún DVD.

Es inevitable que, si una serie te gusta, sigas a su creador en otros programas suyos. No garantiza que siempre vaya a convencerte y, desde luego, creo que no hay que pensar, automáticamente, que todo lo que hagan va a ser el segundo advenimiento del salvador de la televisión. Pero es interesante ver a qué se dedican.
Publicar un comentario en la entrada