27 abril 2010

Esto nunca fue la realidad

Más o menos desde el parón seriéfilo navideño, y últimamente cada vez más intensamente, la blogosfera se ha llenado de adictos a los realities. No me estoy refiriendo a los nacionales, en los que el concepto de "la vida en directo" y el voto del público hace que, muchas veces, se resienta el espectáculo, sino a los estadounidenses, que salvo contadas excepciones suelen estar ya grabados meses antes, y editados y emitidos como si fueran una serie cualquiera. Fans de "The amazing race", o "El gran reto", como se llama en España, siempre había habido (es de los programas que te enganchan con sólo ver cinco minutos), pero esta proliferación de seguidores acérrimos de "Survivor" y, en los últimos meses, "American Idol" es más que notable.

Con el concurso musical, comprendo que la proliferación de artículos, entradas en blogs tras cada programa y exposición mediática de sus concursantes tienen que acabar espoleando nuestra curiosidad por comprobar de primera mano qué tiene para que fuera apodado "la Estrella de la Muerte de las audiencias". Las críticas de Simon Cowell, las labores de presentación de Ryan Seacrest, los concursantes que apuntan a estrellas y los que están ahí sólo para convertirse en objeto de las iras del público, que vota por teléfono quién quiere que se marche... Es normal que, de tanto leer sobre todo eso todos los años entre enero y mayo, queramos verlo. Eso sí, no es rara la edición, entre las últimas, en la que no aparece el clásico artículo que apunta que el formato está gastado (ya van nueve temporadas) y que la audiencia no deja de caer, pero el de este año se desmarca apuntando que es "Glee", que se emite después del concurso los martes, la que le saca los colores y acentúa sus defectos, sobre todo de casting (como curiosidad, Amber Riley se presentó a uno de esos castings de "American Idol", pero fue rechazada).

En cuanto a "Survivor", no tenéis más que pasaros por alguno de estos blogs para daros cuenta de la pasión con la que es seguido. Sus fans apuntan que la sensación de imprevisibilidad y la libertad para la estrategia y la manipulación que da a los concursantes no depender del voto del público son las principales razones para engancharse a este veteranísimo reality, culpable de extender el formato en Estados Unidos a principios de la década de 2000. Cuando los guionistas se sientan a preparar cada episodio (porque todos los realities tienen guionistas, hasta "Gran Hermano"), juegan con la ventaja de que todo el programa se ha grabado meses antes y, conforme ven el material, van presentando la información, dosificando las grandes revelaciones como si de verdad fuera una serie, contando con sus buenos y sus malos, sus personajes revelación y sus sorpresas, sus tramas principales y secundarias.

Veo el tirón que tienen estos programas, pero confieso que no son para mí. Y eso que, si pillo "The amazing race" en la próximamente extinta SET, me quedo a verlo sin remedio (y que también confieso haber visto mi parte de "Gran Hermano", "Operación Triunfo", "Fama, ¡a bailar!" y una de las primeras ediciones de "Supervivientes", cuando sus jugadores aún eran anónimos). Pero no me acaban de enganchar. Incluso "Ace of cakes", que es más tipo docu-reality y que me entretiene cosa mala, lo tengo abandonadísimo. Supongo que mi capacidad de enganche tiene un límite.
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