15 abril 2010

Las cuatro Taras

ALERTA SPOILERS: Ahora que ya estoy al día con la segunda temporada de "United States of Tara", igual puedo destripar algo para los que todavía no lo hayáis hecho. Avisados quedáis.

Tara Gregson es una persona feliz. O eso parece cuando nos la reencontramos, meses después de abandonar el hospital donde pasó el final de la primera temporada de "United States of Tara", y después de descubrir que T ya estaba presente durante la orgía en la universidad con Tripp Johanssen y otro compañero, y que fue otro trauma anterior el que causó su trastorno disociativo de personalidad. Todo marcha perfectamente para la familia, con un ambiente relajado y tranquilo, cuando su vecino se suicida en su casa. Y así, de golpe y porrazo, todo se va al traste.

Éste es el punto de partida de los nuevos capítulos de la serie de Showtime, que se van como más seguros de sus posibilidades y mejor conjuntados que los primeros. Pasamos casi todo el tiempo con Tara, y no con sus alters, y además empieza a ver algunos de ellos (a Buck, por ahora) y a recordar también flashes de su infancia, con una tal Mimi que lleva el mismo vestido de flores que suele llevar Alice, y habla del mismo modo. Esos flashbacks son bastante inquietantes e intrigantes. ¿Estarán más cerca del momento que causó el trastorno de Tara? Sin embargo, el que de verdad está creando problemas es Buck. Algo vio Tara en la casa del vecino (o algo pasó allí) para que él salga a la luz y empiece a hacer de las suyas, como liarse con una camarera con dos niños y muchos problemas (interpretada por Joey Lauren Adams, a quien yo recuerdo, mucho más joven, en "Persiguiendo a Amy"). Lo peor no es que Buck tenga una aventura, sino que Tara se lo oculta a su marido para que no sepa que está volviendo a tener esas transiciones. Y, por supuesto, se acabará volviendo en su contra.

La aparición, al final del cuarto capítulo, de un nuevo alter, la psiquiatra Shosana, promete. Tara necesita ayuda y, presionada por Max, agobiada por "ver" físicamente a Buck y no poder controlar lo que hace, desarrolla esa personalidad influenciada por la recomendación de su vecino gay de su terapeuta de Nueva York. Este intento de autorreparación no puede acabar bien, pero quizás así veamos más flashes de la infancia de Tara, donde es casi seguro que está el origen de todo. El comportamiento de Gimme la temporada anterior con sus padres me llevó a sospechar que ellos tenían algo que ver (Charmaine le dice a Tara que su madre las crió para conformarse con "mierda de perro"), y aunque ella, seguramente, va a pasarlo mal, me intrigan mucho las revelaciones que Shosana puede traer.

Por otro lado, el pobre Marshal está hecho un lío (aunque ahora, por lo menos, ya ha confirmado que es gay. Grande la reacción de su padre al saberlo: "Bien. ¿Te traigo algo de comer?"), y Kate entra en contacto con una pintora (una interesante Viola Davis) muy bohemia que tiene un punto realmente peculiar. Sólo tiene, de momento, una escena con Tara y, como bien dice Alan Sepinwall, esperemos que haya más porque sólo esa escena apuntaba grandes cosas. El humor está también mejor conseguido (o yo, por lo menos, me estoy riendo bastante), y esta segunda temporada apunta a ser más consistente y a ofrecer un retrato más completo de Tara y del resto de su familia.
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