11 marzo 2012

La invención de Georges Méliès

En la segunda mitad de "La invención de Hugo" es donde hay que encontrar gran parte de las razones detrás de las buenas críticas y los reconocimientos de los círculos de críticos al principio de la temporada de premios de Hollywood, el pasado mes de diciembre. Hugo y su nueva amiga, Isabelle, han descubierto la identidad del abuelo de ella, el viejo juguetero con una tienda en la estación ferroviaria donde vive Hugo, y se sumergen en los inicios del cine y, como dice Georges Méliès en la película, en el lugar de donde provienen nuestros sueños. La faceta de recuperador e historiador del cine de Scorsese (y amante del cine) se presenta ahí en todo su esplendor; la reconstrucción de los rodajes de Méliès y de la diversión y la pasión que ponía en ellos se contagia a la película (con cameo de Scorsese como fotógrafo incluido) y le da su sentido a su título en español y al del libro de Brian Selznick en el que se basa, porque la invención en la que trabaja Hugo, al final, es la del propio Georges Méliès, dramatizando el mismo proceso de olvido y redescubrimiento tardío que el director vivió realmente tras la Primera Guerra Mundial.

"La invención de Hugo" es más una película sobre los orígenes del cine que sobre ese huérfano que sobrevive como puede dando cuerda a los relojes de la estación de Montparnasse, aunque su viaje de maduración es lo que la impulsa. El 3D se utiliza aquí como mucho más que mera pirotecnia; sirve para darnos la escala de la estación y del mundo en el que se desenvuelve Hugo, pero introducirnos de lleno en él. Scorsese sabe que el principal hallazgo de esta tecnología es dar mucha más profundidad de campo, y lo aprovecha como una forma más de contar la historia. Como no podía ser de otro modo en este director, ha asegurado en varias entrevistas que lo que le decidió a probarlo fue ver la versión en 3D de "Crimen perfecto" (en los 50, el 3D empezó a usarse para intentar contrarrestar la pujanza de la televisión), y que siempre intentó que fuera otra pieza más en el rompecabezas de la película.

No es de extrañar que tuviera tantas nominaciones a los últimos Oscar (11, de las que ganó cinco, incluyendo fotografía y dirección artística), porque técnicamente está muy cuidada y pensada hasta el mínimo detalle. Algunos planos son como las ilustraciones que trufan el libro de Selznick, y en un año en el que parecía que casi todas las películas importantes tenían algún perro, aquí encontramos un dobermann con una presencia imponente. Aunque Asa Butterfield no termine de cuajar del todo como Hugo Cabret, el resto del reparto está muy bien, destacando unos Ben Kingsley y Helen McCrory que son el verdadero corazón de la película. Y del autómata sólo voy a decir que es bastante inquietante. Pero es que todos lo son.

P.D.: De la época de las películas de Méliès son las de Segundo de Chomón, pionero también del cine pero menos conocido que el director francés. Experimentó con los trucajes, el color y nuevas formas de rodar las películas, y trabajó como asistente en cimas del cine mudo como "Napoléon", de Abel Gance, o "Cabiria". Oh, y en esa faceta de historiador cinenatográfico de Scorsese, una de sus tareas más reconocidas es la de haber revitalizado el interés por el cineasta británico Michael Powell, que estuvo casado con la montadora habitual de Scorsese, Thelma Schoonmaker.

Música de la semana: La NBC ya lleva dos capítulos emitidos de "Awake", pero nos vamos a quedar con una canción que suena en el piloto, creo que durante el accidente de coche de Michael Britten. Es "Maybe not", de Cat Power.
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