17 marzo 2013

Matrimonio de espías

Desde que "The Americans" se estrenó en FX, a principios de enero, sus dos protagonistas, Keri Russell y Matthew Rhys, no han dejado de repetir en todas las entrevistas que, aunque estemos viendo a dos espías del KGB infiltrados en suelo estadounidense en una época tan dada a la paranoia como principios de los 80, no son sus misiones lo que realmente importa, ni si tendrán éxito o no; al fin y al cabo, todos sabemos que "la guerra de las galaxias" de Ronald Reagan nunca salió adelante, que el telón de acero acabó cayendo al final de esa década y que la URSS terminaría desapareciendo. Lo que importa de verdad en esta serie es el retrato del matrimonio de Philip y Elizabeth Jennings, de dos personas que llevan casadas quince años, que tienen dos hijos, pero que en realidad están viviendo una farsa. ¿O no lo es? James Poniewozik, el crítico de "Time", lo expresaba bastante bien al traer a colación de nuevo la comparación con "Homeland" que se le había hecho a la serie antes de su estreno, sólo que "The Americans" le debe más a "Mad Men" que a los agentes de la CIA de Showtime.

Sí, los Jennings tienen que conseguir códigos del FBI, o tienen que secuestrar a alguien, o tienen que averiguar si John Hinckley, el hombre que atentó contra el presidente Reagan, representa algún tipo de golpe de Estado, o tienen que asegurarse de que su vecino, el agente del FBI Beeman, no descubra sus verdaderas identidades como agentes soviéticos encubiertos. Pero donde la serie pone más atención es en mostrar cómo sólo ahora, más de una década después de casarse, empiezan a conocerse y a intentar que esa relación de pega sea real, o lo más real que les sea posible, ya que sus hijos no saben quiénes son en realidad sus padres y si un vecino les pregunta que por qué vuelven tan tarde a casa, no pueden responder que porque habían ido a ver a su contacto en el KGB.

Como resultado, "The Americans" lleva un ritmo muy suyo y, probablemente, más de una historia de espías de finales de los 70. La exploración que hace de cómo todos tenemos caretas y "tapaderas" de nuestras verdaderas personalidades, y de cómo a veces no se puede conocer realmente a alguien aunque te acuestes a su lado durante años y años, es lo que la convierte en una serie muy interesante. Las misiones y operaciones que los Jennings tienen que llevar a cabo tampoco están mal resueltas, sobre todo mostrando el clima de desconfianza general y de paranoia que se respiraba en ambos bandos, cada uno intentando demostrar al otro que tenían la capacidad de aniquilarlo nuclearmente con sólo pulsar un botón y ante cualquier sombra de amenaza de ataque. El trabajo de ambientación es notable, y su reparto funciona muy bien. Quién diría que Keri Russell podría ser una agente del KGB tan fría y eficiente si se lo propone. Aunque, si queréis verla en otro registro diferente, podéis echar un vistazo a "La camarera", una simpática película en la que comparte protagonismo con Nathan Fillion.

Música de la semana: Como "Verónica Mars" ha dominado buena parte de la actualidad en estos últimos días, la selección musical va a llegar desde su segunda temporada, desde un capítulo que se llamaba igual que esta canción, "I am God", de Wannabes, un grupo de Austin (Texas) que empezó como una broma entre varios universitarios.
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