27 mayo 2013

Broadway, aquí estoy

Destrozar "Smash" es demasiado fácil. La serie nos ha dado tanta munición para ello en sus dos únicas temporadas, que ya hasta ha dejado de ser divertido hacerlo (mucho más desde que sus audiencias acabaron siendo material de sábado por la noche). Desde los giros de guión de telenovela de tres al cuarto, a tener una protagonista sin carisma que, en teoría, debería ser lo mejor que los teatros de Nueva York han visto desde la invención del telón, a telegrafiar dónde van a acabar sus tramas diez episodios antes de que ocurra, a desperdiciar toda la promesa y la buena disposición por parte de crítica y público de su piloto... Las críticas que se pueden hacer a "Smash" son muchas y variadas, y también está esa sensación de que la presión en NBC por crear un drama adulto de éxito (y que fuera un éxito ya) coartó cualquier intento de que aquello fuera a cuajar alguna vez. Ni los cambios en el equipo creativo (con un nuevo showrunner que habla aquí del final de la serie), ni los retoques delante de la cámara, con personajes descartados y la introducción de otros nuevos, ni el intento por reenfocar la serie en lo que se le da mejor, que es el backstage de Broadway, obró el milagro de resucitar "Smash" en la segunda temporada, ni en el aspecto crítico ni ante el público.

Pero todo esto estamos ya hartos de leerlo en todos los balances que se han hecho de los últimos dos episodios (que yo aún no he visto, por cierto). Lo que puede resultar más interesante es acercarse a las cosas que sí funcionaban en la serie (al menos, en su mayor parte), las cosas que hacían que algunos masoquistas siguiéramos con ella y, como notan en esta entrada de BuzzFeed, que nos llevaban a que termináramos hablando más sobre si Jimmy era al final gossip girl y queríamos matarlo, o si Ivy merecía una serie para ella sola, que sobre las últimas puñaladas, reales y figuradas, asestadas en los salones de la Fortaleza Roja de Desembarco del Rey. Es cierto que los despropósitos eran mucho más divertidos de comentar que los aciertos (y hasta cosas locas como el cameo de Liza Minnelli terminaban teniendo cierto encanto), pero "Smash" ha tenido algunos aspectos que podrían haberla transformado en algo más decente, si hubieran superado a aquellos que nos recordaban que seguía existiendo ese "Rent" de segunda llamado "Hit List" (del que soy incapaz de recordar su trama, pero que sí tiene una canción que prometía algo interesante, esa "Broadway, here I come" que da título a esta entrada).

En general, casi todo lo relacionado con "Bombshell" ha sido de lo más entretenido de ver, por muy ligero que quedara todo. Las maniobras de Eileen para darle visibilidad a la obra y mantenerla en cartel, al menos lo suficiente para que los votantes de Tony pudieran verla, redimieron un poco a un personaje cuyas tramas amorosas fueron uno de los principales errores de la primera temporada, y las diferentes tribulaciones profesionales de Tom y Ivy también aportaban más interés. El carisma de Christian Borle sacaba adelante casi cualquier cosa que tuviera que hacer, y Safran y compañía parecieron darse cuenta por fin de lo que tenían entre manos con Megan Hilty, dándole más números musicales variados para sacarle más jugo (un ejemplo, la canción humorística de ese fallido musical de "Las amistades peligrosas"). Incluso la relación de Tom y Julia ha tenido sus momentos porque estaba siempre anclada en su trabajo, a pesar de que, como muchas críticas han apuntado con acierto, le habría venido mejor algo más de tiempo para desarrollar algunos de sus giros. Aunque "Hit List" tiene sus fans, como demuestra esta entrada de "¡Vaya Tele!", era "Bombshell" donde pasaban las cosas con más miga, y quizás si se hubieran centrado en él, estaríamos hablando de otra segunda temporada. Aunque para eso tendrían que haber tratado algo la sustitución del actor que interpreta a Joe DiMaggio, una subtrama del año pasado con la que han aplicado fanesia.

El musical sobre Marilyn, por ejemplo, dejó el mejor episodio que han hecho desde, probablemente, el piloto, "The dress rehearsal", en el que el ensayo general y los primeros preestrenos de "Bombshell" obligaban a Tom y a Ivy a tomar varias decisiones importantes sobre el trabajo que estaban haciendo, y en "Opening night", el seguimiento a las dudas que todos sienten ante la noche del estreno de la obra dejaba también momentos bastante conseguidos y que tenían su interés (como el de este gif). Y además, qué demonios, todos los exteriores de la serie eran una guía turística de Nueva York por la que merecían la pena algunas escenas entre Karen y Jimmy, salvadas sólo por tener de fondo el skyline de Manhattan visto desde Brooklyn. Siempre supieron sacarle provecho a rodar en Times Square, o en el parque delante del edificio Flatiron, o a la fachada del teatro Lyceum, rebautizado como Lily Hayes para que acoja "Bombshell". Eran tomas muy a lo "White Collar", pero le daba un aire muy neoyorquino a la serie que no habría podido adquirir de otro modo. ¿A cuántos actores de "Smash" repescarán "Ley y orden: UVE" y "The good wife"?

Música de la semana:  Como estábamos hablando de "Smash", vamos a rescatar una canción que Josh Safran contó en esta entrevista que iba a ser, originalmente, el inicio de la segunda temporada, en lugar del número de "Bombshell" que terminamos viendo. Es una elección sumamenye curiosa porque es "New York groove", un tema que incluyó en su disco en solitario de 1978 Ace Frehley, guitarrista de KISS.
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