09 septiembre 2013

Una lanza a favor de "Perdidos"

Este año se van a suceder dos aniversarios curiosos, de ésos que para este blog son citas importantes; el primero llega mañana, cuando se cumplirán 20 años del estreno de "Expediente X" en FOX, y el segundo se celebrará el 8 de diciembre, día en el que hará diez años desde que Syfy emitió la primera parte de la miniserie que sirvió como piloto para "Battlestar Galactica". Sin embargo, probablemente, el aniversario que puede causarnos más vértigo llegará el año que viene, el 22 de septiembre de 2014, cuando se cumplirá una década desde que el vuelo Oceanic 815, de Sydney a Los Ángeles, se estrellaba en una isla misteriosa y daba pie al inicio de "Perdidos". Ahora, tres años después de su final, puede resultar un poco difícil acordarnos del ruido enorme que esa serie generó en Internet (verdadero precedente del que ahora está causando, por ejemplo, "Breaking Bad") y del entusiasmo que llegó a generar, sobre todo teniendo en cuenta que aún estamos inmersos en la tendencia de "el final fue una basura que invalida automáticamente toda la serie en su conjunto".

Dejando de lado que es una sentencia que yo no comparto, al mismo tiempo es verdad que como mejor se disfrutaba "Perdidos" era viéndola semana a semana y aprovechando esos siete días entre capítulos, o los meses entre temporadas, para especular como locos sobre lo que creíamos que estaba pasando ahí. La comunidad interneteril que se creó a su alrededor era parte muy importante de la experiencia de seguir la serie, y aunque probablemente contribuyó a generar un nivel de escrutinio que terminó siendo perjudicial, no dejaba de ser divertido leer todas aquellas teorías locas sobre qué era el humo negro o cuál era el verdadero propósito de Desmond. La mirada desde el interior de la escotilla que cerró su primera temporada fue el primer cliffhanger del nuevo modo de ver televisión, un modo en el que ya no somos meros espectadores pasivos desde el sofá, sino en el que nos preocupamos de que nuestra voz se deje oír en Internet.

Pero todo esto puede distraer de lo que importa, que es que "Perdidos" era una serie tremendamente entretenida, una hábil mezcla de géneros que consiguió hacer que una audiencia masiva se enganchara a historias de viajes en el tiempo, por ejemplo, o que convirtiera en famosos libros como "El tercer policía" o "La invención de Morey" sólo porque Sawyer los leía. Su piloto es uno de los más espectaculares y efectivos de la ficción reciente, construyendo desde el principio no tanto un misterio atrayente, sino unos personajes de los que querías saber quiénes eran. Ésa fue siempre su nota distintiva (incluso aunque, con el correr de las temporadas, algunos de ellos se diluyeran demasiado), sus personajes. El misterio se creaba tanto en ellos como en la isla, y no hay más que ver a todas esas imitadoras que quisieron seguir su camino después para comprobar dónde estaba buena parte del éxito de la creación de J.J. Abrams y Damon Lindelof (sí, "FlashForward", estoy mirándote sobre todo a tí).

Si ahora tenemos curiosidad por ver "Perdidos" por primera vez, lo mejor es que nos dejemos llevar por su viaje (algo que deberíamos haber puesto en práctica en su momento, pero que tozudamente resistimos), que disfrutemos de sus toques de humor y aventura, de sus gotas de ciencia ficción y de drama casi familiar, y que no vayamos condicionados por lo que otros nos cuenten sobre su final. No, no fue perfecto, pero no fue horrible, y aunque es cierto que toda la última temporada estuvo por debajo del resto de la serie, lo que es innegable es que la serie proporciona una enorme diversión. Y que, a su manera, también cambió la televisión.
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