09 noviembre 2014

El primer año del 12º Doctor

ALERTA SPOILERS: ¿Habéis visto el final de la octava temporada de "Doctor Who"? Si es así, podéis continuar.

Hay una cosa en la que, probablemente, podemos estar casi todos de acuerdo, y es que los cybermen y los finales de temporada de "Doctor Who" nunca han congeniado demasiado bien. Son unos villanos que la serie nueva ha gastado más allá de su fecha de caducidad, incluso aunque aquí tengamos el giro de que ellos no tienen el control de nada, sino que son simplemente el ejército de zombies biomecánicos de Missy. Poco más puede hacerse con ellos, pero al mismo tiempo es comprensible que los responsables de la serie no quieran librarse de unos monstruos tan enraizados en la historia del Doctor como los daleks, pese a que éstos últimos aún tienen alguna que otra cosa que aportar. Los cybermen están casi para poner la nota emocional, paradójicamente, a través de la muerte y conversión del pobre Danny Pink, que tuvo un par de capítulos buenos y luego se convirtió en otro Rory, porque la reina de la función es Missy, la encarnación femenina de ese Master que, tal vez, sea el enemigo más formidable del Doctor.

Ya lo fue en sus apariciones previas en la era moderna con la cara de John Simm (y la ambientación musical de Scissor Sisters); es el villano que mejor conoce a nuestro héroe, el que es una versión ligeramente más loca de atar y megalomaníaca, siempre pensando en formas de dominar el mundo. En ese aspecto, Missy podría haber dado más de sí, pero lo que sí es cierto es que Michelle Gómez aprovecha todo el potencial histriónico, amenazante y hasta cómico del personaje, y se lo pasa absolutamente en grande con él. Sus entradas desde el cielo con el paraguas, a lo Mary Poppins malvada, son un gag visual que no podían no hacer. Por lo demás, ese "Sharkando 2" en el avión con los androides fuera no es el mejor momento de la serie y, al final, el cierre de la temporada no termina de estar completamente a la altura de un resto de episodios que han funcionado, en general, bastante bien. Peter Capaldi se ha hecho con los mandos de la TARDIS con rapidez y haciendo suyo al Doctor aunque aparezcan de cuando en cuando detalles de sus encarnaciones pasadas, y buena parte de sus aventuras han sido muy entretenidas y divertidas.

Esa diversión ha descansado sobre la relación entre el Doctor y Clara y la estupenda química entre Capaldi y Jenna Coleman. Todos los momentos más o menos cómicos entre ellos han sido una delicia, y al final hasta han manejado igual de bien los aspecto más emocionales del viaje de Clara hacia su total independencia de la TARDIS. Ésta ha sido la temporada de la rehabilitación (y construcción) de Clara como personaje con entidad propia, y ha sido muy entretenido de ver. La ralentización del ritmo al que discurrían los episodios ha sido otro acierto, dejando tiempo para que la dinámica entre los dos protagonistas se cimentara mejor. Probablemente, el punto álgido de la temporada siga siendo "Listen" y la exploración de la irrefrenable necesidad del Doctor por saber, pero a pesar de todos los fallos que haya podido tener esta tanda de episodios, lo que Steven Moffat ha logrado con esta vuelta a lo básico de la serie es recuperar esa sensación de aventura y maravilla que había ido perdiendo progresivamente desde aquella retorcida sexta temporada.

Sin obsesionarse por los arquetipos épicos y de nombres molones como "la chica que esperó" o "la chica imposible", y optando por una mayor sencillez a la hora de plantear el misterio central, la octava entrega ha sido bastante más divertida y ha conseguido que tener un nuevo Doctor realmente le dé una nueva energía. Llevar ya tres temporadas al frente de la serie ha hecho que a Steven Moffat ya prácticamente no se le reconozcan hallazgos, sino que sólo se le saquen defectos y ya haya gente pidiendo otro productor ejecutivo, y es muy probable que él mismo tenga la culpa de que, ahora, "Doctor Who" casi no se disfrute, sino que se sobreanaliza y se ve buscando los agujeros de guión, las trampas en la resolución del puzzle. Es agotador. Pocas cosas ha habido tan divertidas este año como ver a Peter Capaldi y Jenna Coleman intercambiarse puyas en la TARDIS.

Música de la semana: Fiona Apple está últimamente de actualidad televisiva. Una canción suya, "Container", es la sintonía de "The affair", y en esa especie de pseudo-"Glee" macabro que Ryan Murphy ha montado en "American Horror Story: Freak Show", Sarah Paulson cantó no hace mucho una de sus viejas canciones, "Criminal".
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