13 septiembre 2008

La sangre no desaparece nunca

Antes de que "CSI" nos hiciera a todos "expertos" en ciencia forense, y un poco antes de que Scully se dedicara a hacer autopsias a supuestos entes extraterrestres, pululaba por ahí una forense de Miami, de ancestros italianos, que trabajaba en Richmond (Virginia) y que se dedicaba a resolver los asesinatos más truculentos y enrevesados a través de la reunión y análisis de las pruebas dejadas por el asesino, desde restos biológicos a tejidos, cualquier cosa. El primer libro de la serie de Kay Scarpetta, "Post mortem", escrito por Patricia Cornwell, se publicó en 1990, y entonces fue toda una novedad. Se adelantó más de un lustro a esa célebre frase de Grissom de que "las pruebas nunca mienten", y gracias a ella aprendimos lo que eran una incisión en Y o el Luminol.

Para una fan de la novela policíaca, aquéllos primeros títulos de Scarpetta eran una adicción. Ella era metódica, pero con un caracter que la llevaba a enfrentarse con casi todo el mundo, y su principal colaborador es el policía Pete Marino, un poco desastroso, pero muy eficiente. Los dos formaban una pareja que funcionaba muy bien, y muchas veces, viendo "CSI" o cualquiera de los procedimentales que se llevan ahora, no puedo evitar acordarme de ella. Era muy entretenida (mucho) y no dejaba de ser original, para la época, que los casos se solucionaran más que entrevistando a testigos y pateando las calles, con los ojos pegados al microscopio del laboratorio.

En mi casa muchas veces, cuando los chicos de Grissom desenfundan el Luminol, decimos que "la sangre no se va nunca", una frase de un libro de Scarpetta, "Cruel y extraño", en el que con esa sustancia reconstruyen un sangriento asesinato ocurrido en un apartamento normal y corriente bastantes años atrás. La forense tuvo un enorme éxito en Estados Unidos, y no dudo de que la aparición de otros personajes como la doctora Temperance Brennan, creada por Kathy Reichs, le deba mucho a Scarpetta.

También he de decir que, a partir de "La granja de cuerpos", la serie perdió interés para mí. Ya no tenía el gancho del principio y, francamente, Temple Gault no era un asesino en serie que me interesara demasiado, además de que Lucy, la sobrina de Scarpetta, se convierte en una chica insoportable. Lo que me sorprende es que nadie se haya atrevido a llevarla nunca al cine, o a la televisión. Ahora, seguramente, se ha pasado su época, pero si vemos a los "cerebritos" de "Bones" analizar al detalle todo tipo de cadáveres putrefactos, y Grissom utiliza el método científico para cazar a los criminales, no estaría mal que su predecesora traspasara las fronteras del papel. Si se viera algo tan entretenido como "La jota de corazones", ya sería mejor que "CSI: Miami" y "CSI: NY" juntas, lo que tampoco es tan difícil.

P.D.: Hablando de Scully, no recordaba yo a Donnie Pfaster, aquel fetichista muy inquietante al que los agentes del FBI persiguen en la segunda temporada de "Expediente X". En aquel capítulo no había nada de paranormal, más que un hombre en camino de convertirse en un asesino despiadado y sádico. He visto a ese actor más tarde haciendo de otras cosas (policía sobre todo), pero no puedo evitar verlo al lado de una bañera rebosante de espuma, y con una mirada muy poco inocente. De rebote, con todos los análisis de muestras que se ven en el episodio, me he acordado de un técnico de laboratorio (¿se llamaba Pendrell?) al que le gustaba Scully. Pobre tipo.
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