19 septiembre 2008

Los sueños de Casandra

En la mitología griega, Casandra era una bella princesa de Troya a la que el dios Apolo, como muestra de su amor, otorgó el don de adivinar el futuro. Sin embargo, el amor de Casandra no era recíproco, por lo que Apolo, enfadado, la castigó haciendo que nadie creyera sus profecías. A Allison DuBois le pasa de algún modo algo parecido al castigo de Casandra en el principio de la cuarta temporada de "Medium". Tras el final de la tercera, en el que pierde su trabajo y su credibilidad (y que se recuerda de un modo bastante original, pidiendo a transeúntes en Los Ángeles que lo resuman), Allison es algo así como una paria para el nuevo fiscal de Phoenix y para la policía, pero no puede evitar seguir teniendo sus sueños, y sintiéndose mal por no poder ayudar a las personas que ve en ellos.

Una trama de por sí bastante inquietante (la manera en que encuentran al niño desaparecido...) se entrecruza hábilmente con las dificultades que atraviesa la familia DuBois. Joe no tiene trabajo y no es que naden en la abundancia, y el apellido puede resultar una losa con la reputación de Allison. La detective a la que encarna Anjelica Huston parece una solución a parte de sus problemas, pero sospecho que no es trigo del todo limpio. La familia de Allison siempre ha sido lo más importante, y esta vez parece que sí va a estar en peligro, y no porque un loco asesino se obsesione con ella, precisamente.

La otra serie de "videntes" de Cuatro, "Entre fantasmas", nunca va a poder llegar al nivel de "Medium" no sólo porque sus personajes sean bastante abofeteables, sino porque sus tramas no consiguen transmitir no ya miedo, sino esa inquietud, ese temor que proviene de cosas cotidianas que, de pronto, adoptan un cariz que nos es desconocido. El "New York Times" publicó hace tiempo un artículo sobre la serie que ponía el acento precisamente en esa capacidad para extraer el miedo de lo que nos rodea, de las cosas que vemos, y hacemos, todos los días. Algo que las ghost stories victorianas inglesas perfeccionaron (M.R. James era el maestro en esto), y para lo que no hace falta más que insinuar. El periódico pone como ejemplo la escena en la que vemos al niño secuestrado observando, con una sonrisa y detrás de unos barrotes, a un joven del que sólo vemos sus piernas de la rodilla para abajo, un joven que baila al son de "Rapper's delight" mientras se quita las zapatillas y los pantalones. No hace falta que nos muestren más para que nosotros atemos cabos (también fue marca de la casa el montaje paralelo final, mostrando a la vez cómo atrapan al asesino y cómo Ariel lleva a una compañera de clase a la audición para que le den el papel de María en "Sonrisas y lágrimas", empleando de banda sonora una versión de "My favourite things").
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