15 septiembre 2008

Por qué no vemos lo que no vemos

Todo el mundo se engancha, como placer culpable, a "Gossip Girl" o "90210", pero a mí no me llaman la atención lo más mínimo. Ni siquiera seguí en su momento "Sensación de vivir" (además de que a mi pueblo llegaron las privadas cuando las Mama Chicho casi se habían jubilado), pero confieso que el otro día estuve a un solo paso de quedarme pegada a la tele viendo en la TDT "El gran reto" (el antecesor de "Pekín Express"), y últimamente hasta le he encontrado cierto punto a la Supernanny canina británica que Cuatro tiene sustituyendo al único e inimitable César Millán. Pero las series de adolescentes ricos cuya única preocupación es si dan o no esta noche una fiesta en su casa, y lo que harán en ella, apenas me dicen nada.

Sí, las que utilizan esas premisas básicas para subvertirlas y, en realidad, hacer otra serie diferente son un hallazgo, pero son pocas. Angela Chase, Buffy Summers y Verónica Mars rompieron el molde en los últimos años, y no es fácil conseguirlo. Me llama la atención que sean chicas las protagonistas absolutas de las series de teenagers más interesantes (¿de verdad seremos más complicadas?), aunque confieso que sigo teniendo pendiente "Skins" (vale, luego me trago "Stargate Atlantis", pero cada uno tiene sus vicios).

Pero a lo que iba. Generalmente, los protagonistas de los culebrones adolescentes me caen mal, directamente. De lo poco que vi de "The OC", el único medianamente potable era Seth Cohen, y porque era un friki. Que las tramas sean plausibles o no tampoco es que importe demasiado (si nos tragamos que los de "Sensación de vivir" eran menores de edad, nos tragamos lo que sea), porque la gracia está, precisamente, en que nadie se las crea. Sólo así tenemos ese personaje tan mítico y grande cuando se hace bien, el de la mala de culebrón. Ése sí es un buen tema, el de las herederas televisivas de las "lobas" cinematográficas de Bette Davis.
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