08 septiembre 2008

Las leyes de la robótica

En la década de 1940, Isaac Asimov empezó a idear sus famosas Tres Leyes de la Robótica como una herramienta que le ayudara a establecer el comportamiento de los robots de sus relatos. Más o menos, esas leyes vienen a decir lo siguiente:

1.- Un robot no hará daño a un humano o, mediante la inacción, permitirá que
un humano sufra algún daño.
2.- Un robot debe obedecer las órdenes que le den los humanos, excepto si esas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
3.- Un robot debe proteger su propia existencia mientras esa protección no entre conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Esas leyes tuvieron un gran éxito y calaron hondo en la ciencia ficción que lidiaba con androides, robots y cualquier otra entidad mecánica con una elevada inteligencia artificial. Por supuesto, lo realmente interesante de esas leyes es lo que dejaban implícito; la posibilidad de que los robots tomaran conciencia de su propia identidad, de su individualidad, y decidieran salir de la sombra de sus creadores humanos. O como dicen siempre al principio de "Galáctica", que se rebelaran y evolucionaran.

Al principio, las películas del género que incluían robots no explotaban esa posibilidad. Podía apuntarse alguna agenda oculta, intereses un poco ambiguos o que tuvieran un dueño que los empleara para realizar acciones destructivas (Robbie, en "Planeta prohibido", o Gort en "Ultimátum a la Tierra"). Me da la sensación que HAL-9000 y los replicantes de "Blade Runner" lo cambiaron todo. Gracias a ellos tuvimos a Terminator, los cylones, los ordenadores que adoptan su propia identidad y empiezan a actuar por su cuenta (como el de "Juegos de guerra") y robots menos siniestros pero con gran carga emocional, del que el último descendiente es WALL-E.

Los androides, lógicamente, siempre resultan muy interesantes porque tienen aspecto humano y, en muchas ocasiones, su programación incluye realizar actividades muy humanas. Si desarrollan de repente esa conciencia de sí mismos, empiezan a preguntarse en qué se diferencian de los humanos, y la búsqueda de una respuesta a esa pregunta puede dar para mucho. Otro de los grandes aciertos de la nueva versión de "Galáctica" fue adaptar la historia de la creación de los cylones de la serie original y aplicársela directamente a los humanos. En la serie de 1978 se cuenta que los cylones, en realidad, eran los habitantes de un lejano planeta, que empezaron a crear a los robots para que les ayudaran en sus tareas. Sus creaciones terminaron haciéndose con el control del planeta, hasta el punto que ya no había cylones originales, sólo mecánicos.
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