24 octubre 2012

El ideal de las cinco temporadas

"Una serie debería durar cinco temporadas". Es la frase que se repite con más asiduidad cada vez que se habla de series que saltaron el tiburón o que sentimos que se han mantenido en antena durante mucho más tiempo del que deberían. Casi siempre se le aplica a series de network, como olvidándonos a propósito de que "Los Soprano" duró seis y "Mad Men" acabará en la séptima, y también suele venir con un anexo referido a "Babylon 5", que se emitió durante cinco temporadas, que era para las que su creador, J. Michael Straczynski, la había planeado. Creativamente, ése puede ser el ideal, la utopía sobre la vida media de una serie, pero lo es sólo si ignoramos la realidad del negocio y de la industria en la que nacen, viven y mueren estos programas. Una serie se acaba cuando así lo quiere la cadena que la emite, y a veces eso es mucho antes de la quinta temporada.

Straczynski, por ejemplo, sabía que sus propósitos creativos podían irse al traste si la audiencia no respondía o si algún actor se marchaba antes de tiempo, por lo que su planificación no era tan rígida. De hecho, debía ser un caos total para quien no estuviera al tanto de ella, porque tuvo que pensar varios planes B en caso de que la serie fuera cancelada en la tercera temporada o en la cuarta (algo que casi ocurrió de verdad cuando su cadena, PTEN, desapareció). Algo como "Babylon 5" podía salir adelante de ese modo porque no dependía de un gran canal y no tenía un presupuesto demasiado elevado, pero habría sido interesante ver las discusiones entre Straczynski y la cadena si la serie hubiera atraído veinte millones de espectadores en NBC, por poner un ejemplo. Bastantes de las series que terminan en la quinta entrega (o en la cuarta) lo hacen simplemente porque el canal decide no continuar con ellas y, en lugar de cancelarlas inmisericordemente, les da la oportunidad de cerrar sus historias y tener un final, final.

Y aunque es cierto que la quinta entrega es el límite a partir del cual las series suelen entrar en decadencia (algunas más rápidamente que otras), también es verdad que una generalización de este estilo no puede, a la fuerza, abarcarlo todo. Hay series cuya trama se agota ya al final de sus primeros capítulos (como "Prison Break") y otras que se mantienen en buena salud durante bastante más tiempo del que creeríamos posible (la séptima temporada de "CSI" es una de las mejores que han hecho, y no sólo por al arco del Asesino de las Miniaturas). Con este ideal, corremos el riesgo de confundir calidad con rentabilidad (o números de audiencia, si queréis, aunque una cosa y otra a veces no están tan relacionadas como antaño), algo que ya hemos comentado muchas veces que nos puede llevar a disgustos y a perder de vista que la televisión es un negocio y que hay que ganar dinero para mantenerlo en marcha. Las series por amor al arte ya se hacen, o se hacían, en Internet.
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