10 octubre 2012

No habrá más desfiles

La cita televisiva para los aficionados a las miniseries de calidad de la BBC era "Parade's end", la adaptación de Tom Stoppard de la saga de novelas de Ford Madox Ford que los críticos británicos vendieron como "Downton Abbey" para paladares exquisitos (o para gafapastas, digámoslo así también), y que terminó hace ya un par de semanas en BBC 2. Su programación ha sido un poco extraña, porque a pesar de ser uno de los títulos importantes del canal para este otoño-invierno, la estrenó a finales de agosto y los viernes, pero eso no ha impedido que, en general,  los críticos se hayan rendido a la historia de Christopher Tietjens, sus principios conservadores anticuados, su mujer cabra loca y la sufragista idealista y naïve que tiene el potencial de revolucionar todo su mundo. No vamos a contar cómo acaba (aunque sí puedo decir que me sorprendió que fuera de ese modo), y tampoco vamos a decir que sea tan adictiva como "Downton Abbey" (ya dijimos que no es justo compararlas porque tienen objetivos diferentes), pero no deja de ser interesante.

Incluso a pesar de gritar desde el principio que estamos ante algo con aspiraciones de ser algo más que una mera miniserie, "Parade's end" se acuerda de poner toques de humor aquí y allá, o igual es que yo encuentro divertidas cpsas que en realidad no lo son. Las tácticas e ideas trasnochadas con las que los generales británicos se lanzaron a la Primera Guerra Mundial se tratan con un aire de absurdo que las hace bastante cómicas, aunque sepamos que tuvieron parte de la culpa de los millones de vidas que se cobraron las trincheras, y lo mismo bastantes de las convenciones sociales, totalmente hipócritas, que se seguían entre la gente de clase alta. Bajo la fachada latían las mismas ambiciones, deseos y mezquindades que en cualquier otro lugar, pero a los aristócratas ingleses se les daba muy bien disimularlas.

Sin embargo, lo que "Parade's end" viene a mostrar es el final de todo aquel mundo, el final del desfile. Aquellas personas ancladas aún en el siglo XIX se vieron propulsadas de golpe a un siglo XX mucho más vertiginoso y brutal, una época en la que el mundo podía cambiar por completo en cuestión de horas. Ni marchándose a la guerra logra Tietjens huir de las maquinaciones de su esposa, deseosa de hacerle abandonar esa tan británica fachada flemática, ni de los egos de personas que, como decía mi abuela, se creen catedrales y no llegan a ermitas, pero lo que sí consigue es dejar de vivir la vida como un mero espectador y empezar a vivirla. O esa sensación da.

Por lo que "Parade's end" destaca más, aparte de por su tono "importante" (no sé describirlo de otro modo), es por las interpretaciones de su pareja protagonista, Benedict Cumberbatch y Rebecca Hall, y sobre todo de ella, que da vida a una Sylvia diletante, caprichosa, que se ahoga en el corsé de la vida victoriana, que no sabe lo que quiere más que sacar a su marido de la ostra de sus principios de, como dicen los críticos ingleses, el último tory decente del país, y que jamás va a cambiar.
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