16 octubre 2012

La casa de Bernarda Grantham

ALERTA SPOILERS: Si sabéis por qué, en una de estas asociaciones locas que sólo se me ocurren a mí, una escena del último episodio de "Downton Abbey" me dio un dejà vú estilístico a "La casa de Bernarda Alba", podéis seguir leyendo. Si no, creo que es preferible que esperéis a haberlo visto.

No, Robert Grantham no ha muerto y Cora decide encerrar en casa, en un estado de luto perpetuo, a todas las mujeres de Downton Abbey, no. Pero Julian Fellowes sí que se ha decidido a apretar el gatillo y, marcándose una shondada en toda regla, opta por dejarse de amagos y matar a uno de los personajes principales de la serie, algo que se rumoreaba desde el verano pero con unos protagonistas totalmente equivocados. Si, en la segunda temporada, la serie nos hizo creer que Matthew se quedaría paralítico, sólo para herir de muerte al pobre William, y luego intentó colarnos que Cora podía morir de gripe española, sólo para que lo hiciera al final Lavinia, esta vez no ha habido redención posible para Sybil y no ha habido más muertes de "camisas rojas"; la hija pequeña de los Grantham no logra sobrevivir al parto de su hija con Branson, previa discusión entre el doctor Clarkson (al que equivocarse en el diagnóstico de la herida de guerra de Matthew le perseguirá siempre, parece) y el médico aristocrático demasiado estirado para darse cuenta de que algo no marcha bien (¿es esto un inesperado e indirecto alegato, además, a favor de la sanidad pública británica?).

El tramo final de este quinto capítulo de la tercera temporada ha sido un mazazo en toda regla y una forma muy expeditiva de sacudir bien la serie. Siendo justos, Sybil no daba mucho más de sí después de marcharse a Dublín con Branson, incluso a pesar de los contactos de él con los independentistas irlandeses, y dependiendo de cómo se manejen las consecuencias de su muerte entre el resto de personajes, puede darle una vuelta de tuerca emocional a la temporada que puede ser interesante. Desde luego, permite que veamos a Lady Cora asumir de repente bastante más importancia que de costumbre, nos afianza en la idea de que Robert se ha quedado completamente anticuado y fuera del mundo real, ofrece a Mary y Edith un par de buenas escenas entre ellas intentando asumir el fallecimiento de su hermana y, sobre todo, deja una imagen de la condesa viuda de espaldas, caminando a duras penas apoyada en el bastón, que resume perfectamente todo el episodio.

Como decían en el blog dedicado a la serie del The Guardian, la muerte de Sybil eclipsa el resto de tramas del capítulo, desde la última evolución del caso contra Bates hasta las maniobras de O'Brien para acercar a Thomas al nuevo lacayo, seguro que con aviesas intenciones. La onda expansiva también las va a oscurecer en los siguientes episodios inevitablemente; ¿se acercarán algo más Mary y Edith? ¿Quedará tocada más allá de toda reparación posible la relación entre Cora y Robert? ¿Y cómo logrará Matthew convencer a Lord Grantham de que debe dejar en sus manos la administración de sus tierras? Está muy claro que los dilemas entre modernidad y tradición se han adueñado de la serie y que, a la fuerza, hasta la propia "Downton Abbey" va a tener que cambiar, pero para saber si Fellowes ha acertado o no con ezsta maniobra tendremos que esperar un poco todavía. A la "temporada regular" le quedan tres capítulos, y sus tramas culminarán otra vez en un especial de Navidad. ¿Habrá alguna que otra shondada más?
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