30 enero 2014

Después de la Boda Roja

Uno de los eventos televisivos del año pasado fue la Boda Roja, el momento más esperado, y más álgido, de la tercera temporada de "Juego de tronos". Fue un momento que impactó a los espectadores (tanto a quienes habían leído los libros como a los que no) y que levantó todo tipo de reacciones en Internet, algunas de las cuales se volvieron tan virales como esa famosa secuencia. La masacre en los Gemelos es un punto de inflexión crucial en la historia de la guerra de Poniente, pues entre ella y la batalla del Aguasnegras se crea una sensación de falsa seguridad y calma que es el preludio de otras cosas terribles aún por ocurrir. También puede ser un punto de inflexión para la serie, del mismo modo que lo fue la ejecución de Ned Stark en la primera temporada. Puede dar la impresión de que es un momento que no se puede superar, de que lo que queda desde ahí es todo cuesta abajo, pero tampoco puede utilizarse la Boda Roja como estándar para determinar si los capítulos siguientes merecen o no la pena. A estas alturas ya deberíamos saber que "Juego de tronos" es más una serie de personajes que hablan, y que las puñaladas son más "virtuales" que reales (aunque de éstas hay bastantes).

Va a ser interesante afrontar la cuarta temporada, que se estrena en HBO el 6 de abril, con la experiencia de la montaña rusa de emociones que fue la recta final de la tercera ya detrás de nosotros. Si esos episodios terminaron de afianzar la posición de la serie como gran fenómeno pop mundial, los de la cuarta llegan con la amenaza del backlash pendiendo sobre ella como la espada de Damocles, una amenaza en parte inevitable después de todo lo vivido con "The rains of Castamere" y, en parte, también injusta, porque significará que buena parte del público ignorará todo lo que pase a  no ser que haya traiciones que acaben en matanzas indiscriminadas cada dos capítulos. En "Juego de tronos" no faltan los giros en la trama (y mucho menos en esta segunda mitad de "Tormenta de espadas" que va a adaptar la temporada), pero es en la evolución de sus personajes donde está lo realmente interesante. Especialmente, en esta nueva entrega será interesante ver cómo maniobran los Tyrell ahora que Margaery está a punto de casarse con Joffrey y convertirse en reina de Poniente (no, "Say yes to the dress: King's Landing" no ha terminado aún), y hay curiosidad por ver cómo se va a introducir a todo un grupo de personajes a los que, hasta ahora, la serie no ha prestado demasiada atención, pero que tienen su importancia; los príncipes de Dorne.

El trailer de la cuarta temporada insinúa algunas de esas cosas aún por venir, pero lo que destaca al verlo es algo que también destacaba en la tercera temporada, y es el hecho de que "Juego de tronos" ha logrado una entidad visual notable. El trabajo de directores como Alan Taylor (que ahora se dedica a los blockbusters), Michelle McLaren, David Nutter, Alex Graves o Neil Marshall ha sido fundamental no sólo para crear ese mundo de Poniente de una manera realista, sino para "narrar" la historia aportando algo más que un encuadre en el que quepan todos los personajes. Los planos de Daenerys hablando en su tienda con los capitanes de las escuadras de mercenarios, por ejemplo, estaban diciendo a veces mucho más que los diálogos o el lenguaje corporal de los actores, y era justo el aspecto que faltaba por dar en la serie el salto cualitativo que el resto dio entre el final de la primera y el principio de la segunda temporada.

Pero, otra vez, van a ser las expectativas sus peores enemigas. La Boda Roja arroja una sombra demasiado larga, y sus consecuencias se sienten durante bastante tiempo como para que público y propia serie la olviden, pero esta cuarta entrega puede marcar también un cambio en "Juego de tronos"; un cambio de protagonistas principales, de escenarios, de situaciones... Es una serie que está en constante movimiento incluso cuando parece que lo único que hacen sus personajes es hablar, y ya nos ha quedado demostrado más de una vez que tan pronto estás sentado en el Trono de Hierro, como caído a los pies de los escalones que llevan hacia él. Y, sin spoilear nada, y más a título personal, me intriga ver cómo van a integrar el pasado en la historia presente, o si van a hacerlo. Lo que la rebelión de Robert Baratheon se llevó por delante para destronar al rey Aerys no se queda en el pasado.
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