08 enero 2014

La última gran comedia

Casi puede decirse que los 90 fue la última década en la que las sitcom reinaban en las parrillas estadounidenses con mano de hierro, y entre todos aquellos títulos que disfrutaban del éxito que ahora tienen cosas como "The Walking Dead" o "NCIS", "Friends" fue probablemente la última gran comedia capaz de aglutinar un fenómeno popular arrasador con el beneplácito de crítica y premios. Sí, es cierto que la CBS ha seguido teniendo sitcoms con audiencias que, salvando las distancias, relativamente pueden ser de una importancia similar, y que "Modern Family" es la dominadora, hasta ahora, en los Emmy, pero ninguno de esos títulos puede ni soñar con mantener un mínimo de 20 millones de espectadores de media en cada una de sus diez temporadas.

Es un éxito que el panorama televisivo actual ya no permite, y aunque puede desatarse una histeria más o menos parecida que la se desató por su final con algunas series, es difícil que vayan a congregar a más de 52 millones de espectadores. Vale la pena recordar todo esto en un año en el que las networks han apostado por las comedias y han fracasado con prácticamente todas, en el que termina su heredera más clara, "Cómo conocí a vuestra madre", y en el que "Friends" cumplirá en septiembre 20 años de su debut en la NBC. Ciertamente, es una efeméride que da vértigo porque esta serie sigue estando muy presente para bastantes seriéfilos, y sus señas de identidad aparecen desperdigadas por unos cuantos títulos actuales (y no sólo el de los amigos de Ted Mosby o la ya cancelada "Happy endings"). En España, cada vez que Cuatro u otra cadena de Mediaset ha repetido la serie, les ha funcionado igual de bien que las reemisiones de "Los Simpson" en Antena 3, y los rumores de que podría haber una película persisten desde que se emitió su último capítulo.

Esas repeticiones permiten que podamos ver "Friends" con cierta distancia, aunque el factor nostalgia tiende a mitificarlo todo. Aguanta bastante bien el paso del tiempo y se nota enseguida la gran química que había entre todos sus actores. Incluso aunque hayamos visto algunos episodios múltiples veces, muchos chistes siguen funcionando, y hasta se pueden apreciar nuevas cosas, como lo bien que se le daba a David Schwimmer la comedia física. Probablemente, quien se acerque por primera vez a la sitcom no salga espantado por el contraste que puede haber al ver ahora una comedia de 1994 (sí, eso son las risas del público en directo, así se graban tradicionalmente las sitcom), lo que demuestra que mantiene una interesante vigencia. Eso sí, el factor nostalgia no debería impedirnos darnos cuenta de que las últimas temporadas, cuando la vida amorosa de Rachel, Ross y hasta Joey amenazaba con convertirse en un culebrón, eran bastante flojitas, pero no desmerecen el soplo de aire fresco que representaron las primeras, ni la consistencia que mostraron a lo largo de los años. Su influencia todavía hoy la convierte, probablemente, en la última gran comedia que ha dado la televisión estadounidense. Y no, para ver si ese título puede aplicársele a "The Office" hay que esperar todavía un poco, y yo debo confesar que, en realidad, mi favorita de esta época siempre será "Frasier".
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