02 enero 2014

Una estrella negra

ALERTA SPOILERS: Con retraso, pero si no sabéis cuál es esa estrella a que hace referencia el último capítulo de la tercera temporada de "Homeland", no sigáis leyendo.

La tercera entrega de "Homeland" ha estado repleta de altibajos. En eso es posible que podamos ponernos todos de acuerdo. Al llegar a su último episodio se vuelve claro que había un plan ahí, al fondo, desde el principio, pero que este plan no ha estado siempre bien ejecutado o ha tomado algunos desvíos que ponían a prueba la paciencia de los espectadores menos indulgentes. En el momento en el que estos desvíos se descartaban, y la trama se centraba casi únicamente en el desarrollo de ese plan, la temporada elevaba su nivel, porque en general, todo el lado de historia de espías pura y dura ha funcionado bastante bien, como decían en esta crítica de The AV Club. El plan de Saul nos ha dado a dos estupendos personajes, por desgracia poco explorados al final, como Quinn y Farah, y hasta ha logrado que Dar Adal, el pragmático frente al idealismo del director Berenson, fuera de los más interesantes de la temporada.

Es en el retrato emocional de sus personajes donde "Homeland" ha estado mucho más irregular. La familia de Brody tenía interés por ver cómo intentan sobreponerse al anuncio de que su marido y padre es un terrorista, y para darnos algo más de contexto a las decisiones que el ex marine toma en Irán, pero sus historias han tenido sus más y sus menos. Y la obsesión de Carrie por demostrar la inocencia de Brody ha amenazado en ocasiones con sabotear todas las cosas que hacen de ella un protagonista interesante, complejo e imprevisible. Algunos críticos estadounidenses se quejaban de que la temporada parecía estar a medias, de que esa frase final de Carrie sobre su embarazo, "no lo pensé bien", podía aplicarse también a la serie, y es posible que sea cierto. La revelación de que toda la estancia en el hospital de Carrie, muy traumática para ella, formaba parte de la estratagema de Saul es uno de esos ejemplos de subtramas a medio cocinar.

Sin embargo, tampoco ha sido algo vergonzante ni demuestra que "Homeland" debería haber sido una miniserie. Los extremos personales a los que casi todos llegan en su persecución de Majid Javadi resulta interesante por la ceguera que expone de todos los personajes a cosas que no formen parte del plan. Tanto Farah como el propio Javadi se le dicen a Carrie, le preguntan si realmente vale la pena el coste emocional y personal que el plan ha tenido en ellos y, después, si de verdad va a tirarlo todo por la borda justo al dejarse llevar por esas emociones. Fríamente, la única solución posible para que toda esa estratagema de Saul funcionara era que Brody fuera ejecutado por los iraníes, y da la sensación de que Saul lo sabe siempre, por mucho que luego patalee cuando Lockhart y Dar Adal terminan decidiendo por él. Por mucha estrella negra que Carrie quiera poner en el muro de los caídos de la CIA, Brody no fue nunca más que un peón, un cordero que llevar al sacrificio tanto para Abu Nazir como para la agencia estadounidense.

Ahora, la cuarta temporada puede presentar una "Homeland" nueva. Las líneas que vienen de su piloto ya están todas resueltas, y alrededor de Carrie pueden cambiar todos los secundarios y seguir siendo en esencia la misma serie. Al parecer, era el plan que Howard Gordon y Alex Gansa tenían para la segunda temporada, y que aplazaron al decidir que querían continuar viendo a Brody. Con Carrie en Estambul y Saul en una firma privada de seguridad e inteligencia (y Javadi todavía trabajando para la CIA en Teherán) se abren infinidad de posibilidades para la serie.
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