08 abril 2015

Los de Asuntos Internos


En todas las series de policías hay siempre un momento en el que los protagonistas se enfrentan a una investigación del departamento de Asuntos Internos. Y eso es prácticamente lo peor que les puede pasar, justo por debajo de que el FBI se haga cargo del caso en el que estaban trabajando. Los policías que investigan a otros policías siempre son los que tienen peor imagen de toda la comisaría, los que suelen presentarse como tipos arrogantes y engreídos que solamente quieren empapelar a los detectives, y a los que se acusa habitualmente de no ser realmente policías. Hay muy pocos casos en los que los agentes de Asuntos Internos son los protagonistas de las historias y no los villanos, y cuando algún protagonista es trasladado allí, se lo toma como el peor castigo posible. Desarrollar una serie alrededor de esos policías que velan por las buenas conductas de sus compañeros no es lo más común, pero como Jed Mercurio demuestra en "Line of duty", es un terreno muy fértil para construir historias que se mueven en los grises éticos y morales de la "televisión de prestigio".

Esta serie, que emitió el año pasado su segunda temporada en la BBC, es una de las favoritas en los próximos premios BAFTA de televisión, con tres nominaciones a mejor drama, actriz principal y actriz secundaria para Keeley Hawes y Vicky McClure, y es también uno de los títulos que más pasa desapercibido en ese renacido fervor por la ficción británica que vive la blogosfera seriéfila hispana desde hace un par de años. El punto de partida de la serie puede no sonar demasiado sexy: sus protagonistas son agentes de AC-12, el cuerpo anticorrupción policial, en el que empieza a trabajar un agente procedente de Narcóticos y donde hay una policía que se dedica a infiltrarse en los departamentos que se están investigando. Ellos dos y su jefe son el trío principal de la serie, pero aunque su labor sea determinar si ciertos inspectores son corruptos, ellos tampoco se libran de saltarse algunos principios éticos y de actuar a veces de forma poco ortodoxa. Ahí, en las propias dudas de sus supuestos "héroes" están las principales virtudes de "Line of duty".

Como buen policiaco británico, sus escenarios son más realistas, sus comisarías dan más el pego de comisarías reales y es muy habitual ver a los inspectores enredarse en la burocracia del trabajo, algo que es una nota muy distintiva de series como "Scott and Bailey", por ejemplo. Pero además, "Line of duty" ha tenido hasta ahora dos casos cuya investigación estaba, en general, bien construida y bien llevada, y en la segunda temporada (que es la que ha recibido las nominaciones a los BAFTA) ha dejado a un gran personaje como la inspectora Lindsay Denton. Por ver en acción a Keeley Hawes ya merece la pena ver toda la serie (el investigado en la primera entrega es Lennie James, Morgan en "The Walking Dead"), porque consigue componer un personaje lleno de dobleces, alguien que parece ser al mismo tiempo víctima y perpetrador, que acaba empujado hasta unos extremos que harían romperse a cualquiera. Denton parece frágil, pero es también resistente; parece como decimos una víctima, pero es más lista de lo que sus compañeros creen, y durante toda la temporada, el espectador no está seguro de quién es ella realmente, y de si hizo lo que parece que hizo.

Denton obliga a los agentes de AC-12 a mirarse en el espejo, a enfrentarse a sus propias faltas éticas, y la investigación está llena de sorpresas muy bien administradas. "Line of duty" funciona porque Mercurio desarrolla bien su trama y se acuerda de que los seis capítulos tienen que ser atractivos en ese aspecto, pero son las aristas de sus personajes las que le dan el toque diferente. Ninguno de los tres protagonistas resistiría una revisión de su comportamiento desde el punto de vista ético, por mucho que se esfuercen por seguir el protocolo durante sus investigaciones, y ver esas pequeñas trampas que hacen en su vida diaria (como ligar con una testigo, por ejemplo) los acerca a los sujetos de sus investigaciones, pero sin equipararlos a ellos. ¿Son realmente mejores?
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