10 abril 2015

Steven y las Joyas de Cristal



De vez en cuando hay una serie de animación para niños que da el salto a los universitarios, los veinte y treintañeros y que se convierte en una de las favoritas de los blogs televisivos estadounidenses (si hacen recaps en The AV Club, esos dibujos animados son oficialmente cool y no sólo infantiles). No son tantas series como podría parecer, pero desde el verano de 2013, una de las que se ha ganado a pulso su inclusión en esa lista es "Steven Universe". Sus credenciales ya le ayudaban; su creadora, Rebecca Sugar, trabajó previamente en "Hora de aventuras", la animación infantil más cool que podamos encontrar actualmente, y el hecho de que fuera la primera serie de Cartoon Network creada íntegramente por una mujer aumentaba la curiosidad que podían tener por ella webs como The Mary Sue. Luego hacía falta que la serie tuviera algo mínimamente interesante para que el público un poco más talludito se interesara por las peripecias de Steven, y hasta que pudiera llegar a obsesionarse con ella.

Y lo tiene. Por eso, dos años después de su estreno, bien puede ser la nueva joya de Cartoon Network (en España se emite en Boing). La mezcla de influencias de Sugar (que se encargó de algunas de las canciones más pegadizas de "Hora de aventuras", por cierto) hace de "Steven Universe"  algo con unas grandes dosis de encanto, humor y sentido de la aventura, y también tiene un subtexto emocional muy interesante. Al fin y al cabo, Steven es un niño cuya madre mágica tuvo que abandonar su forma física para poder traerlo al mundo. Él crece y se cría con el resto de las Joyas de Cristal, un trío de guerreras a lo "Salir Moon" que intentan protegerlo, comprenderlo y, al mismo tiempo, enseñarle a manejar sus poderes, pero que la mitad de las veces no terminan de entender a un niño más humano que mágico.

Steven también es una Joya (o una Gema, no sé cómo lo habrán traducido al español) y, en algún momento, tendrá que ayudar a la ordenada Pearl, la alocada Amethyst y la estoica Garnet a salvar el mundo, pero todavía es un niño que quiere ayudar a su padre en el lavadero de coches, al que le gusta pasar la tarde en el salón de recreativos y que no puede evitar emocionarse mucho cuando se va de misión con sus tres protectoras, por muy peligrosa que sea dicha misión. El entusiasmo de Steven es contagioso, del mismo modo que son muy pegadizas todas las canciones que salpican la serie y en las que se nota otra gran influencia de "Steven Universe", los videojuegos. A veces, recuerda un poco a "Scott Pilgrim contra el mundo" justo por esos detalles de "Super Mario Bros", y por su colorido, pero también por el modo en el que trata las emociones de sus personajes.

Hay un lado melancólico muy curioso en "Steven Universe", que se potencia cada vez que se habla de Rose Quartz, la madre de Steven, y vemos no sólo cómo la echan de menos las Joyas, sino también el padre del protagonista, que es humano. Ahí se nota el paso de Sugar por "Hora de aventuras", que puede ponerse bastante serie cuando quiere (como en la historia del Rey Hielo y Marceline). Evidentemente, es posible hacer una lectura en clave feminista de la serie (hay un momento en el que Steven canta literalmente "realmente quiero ser una mujer gigante"), pero tampoco es necesario. "Steven Universe" tiene el suficiente encanto e inventiva como para atraparnos sin que busquemos una explicación trascendental. Ya me diréis si sois capaces de no pasaros dos semanas canturreando sin parar "we are the Crystal Gems".
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