27 octubre 2015

La maldicion de las fangirls

En 2006, el profesor Henry Jenkins, de la Universidad del Sur de California, publicaba un trabajo titulado "La cultura de la convergencia: Cuando los nuevos y los viejos medios chocan". Analizaba en él el nuevo papel del fandom en la industria cultural mainstream, cómo ambos se retroalimentaban y se habían convertido en aspectos casi inseparables del entretenimiento actual. Jenkins señalaba que "los fans son el segmento más activo de la audiencia de los medios, uno que se niega a aceptar simplemente lo que le dan, y en su lugar insiste en el derecho a convertirse en un participante pleno. Nada de esto es nuevo. Lo que ha cambiado es la visibilidad de la cultura fan".


Esa cita del libro de Jenkins está incluida en "Revenge of the fanboy" ("La venganza del fanboy"), una tesis doctoral de Suzanne Scott en la que se analizaba no tanto el nuevo papel del fandom, sino cómo su mayor popularidad había generado ciertas visiones contrarias que, sobre todo, dirigían sus peores críticas hacia las fangirls. Scott utiliza como ejemplo las protestas contra la presencia de las películas de "Crepúsculo" en Comic-Con organizada en 2009, y aunque podamos acordar en que los fans de esa saga se pasan, a veces, de intensos, es interesante notar cómo los fandom que siempre se llevan la peor fama y que suelen ser despreciados como algo de un nivel intelectual menor son los que atraen a un mayor número de aficionadas que de aficionados.

La semana pasada, publicaba en ¡Vaya Tele! un artículo sobre los shippers y la valía que pueden tener para promocionar y mantener el interés en una serie. En los comentarios, surgieron las bromas sobre lo mal de la cabeza que pueden llegar a estar esos fans y hasta algún menosprecio hacia esa supuesta valía, pero lo más curioso es que nadie se para a pensar en por qué surgen, por qué las fangirls sienten la necesidad de imaginar nuevos capítulos de su serie favorita en internet, de adentrarse por caminos que los guionistas rara vez elegirán. Mar "Jaina_s" Guerrero contribuyó al artículo con bastante información, extraída de su propia investigación para una tesis doctoral, y entre las citas que se quedaron fuera, hay un que puede resultar interesante para llegar a la raíz de todo el asunto:

"Que, a finales de los años 60, mujeres casadas y con hijos (ni siquiera adolescentes, sino mujeres con su vida hecha, E.L. James no es un fenómeno nuevo) se dedicasen a escribir historias románticas o eróticas protagonizadas por dos hombres era una reacción a esa falta de profundización en los personajes que había en la ficción televisiva, por entonces muy marcada por el arquetipo heroico, y no digamos ya la falta de diversidad de los personajes femeninos, siempre confinados a los papeles de la dama en apuros, la madre, la esposa, etc".
 Las espectadoras no se veían representadas en la ficción, así que tomaron cartas en el asunto de la forma más fácil; convirtiéndose ellas mismas en las autoras de esa ficción. Antes de descartar tan alegremente a los shippers o a las fangirls, habría qué preguntarse contra qué están reaccionando, qué es lo que la industria del entretenimiento está mostrando como la norma, lo aceptado porque genera millones de dólares en beneficios. Es significativo que los fanfics, por ejemplo, con más tirón sean los que cuentan historias románticas entre personajes del mismo sexo, o que sean las comunidades más minoritarias en Hollywood (es decir, todas las que no sean hombres jóvenes blancos), por ejemplo, las más activas en este sentido.

El fandom cubre, muchas veces, un hueco que la cultura mainstream opta por dejar de lado. Y, a veces, esa misma cultura popular se acaba reapropiando de las obras de los fans para fines promocionales, con lo que se crea una relación casi simbiótica en algunos momentos que está definiendo la manera en la que consumimos el entretenimiento de masas en la actualidad. Ya no se puede separar una obra audiovisual masiva de sus fans, y no se puede ignorar que pueden tener cierta influencia en la longevidad de dicha obra. Sobre lo saludable de hacer demasiado caso a los fans ya hablamos otro día.

La foto, por cierto, es la portada de "The fangirl's guide to the galaxy", un libro, precisamente, sobre cómo se vive el fandom entre mujeres jóvenes, escrito por Sam Maggs.
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