12 octubre 2015

Oliver Queen y sus monstruos


ALERTA SPOILERS: ¿Habéis visto ya ese cliffhanger con el que "Arrow" ha abierto su cuarta temporada? Si no queréis saberlo, no sigáis leyendo.

Una de las enseñanzas más repetidas de "El caballero oscuro" es que los superhéroes como Batman se crean para luchar contra el crimen pero, al mismo tiempo, tienen un efecto llamada en los supervillanos. Si en Gotham hay alguien como Batman, que parece invencible, los criminales y los locos querrán probar si eso es cierto, tendrán como gran reto la demostración de que nadie es invencible. ¿Hasta qué punto se debe la existencia del Joker a la de Batman? ¿Podría uno continuar sin el otro? Es también algo con lo que "Arrow", que tiene claras deudas con la trilogía del Hombre Murciélago de Christopher Nolan, ha estado jugando desde el principio. O, mejor dicho, desde que The Arrow se convierte en un superhéroe propiamente dicho, y no tanto un vigilante enmascarado un poco amateur.

Damien Dahrk es el último malo en decirle a Oliver que si Star City tiene tantos enemigos que quieren explotarla y hundirla, es porque el reclamo de enfrentarse a la Flecha Verde es demasiado atractivo como para dejarlo pasar. Su presencia motiva que surja gente como el propio Dahrk, ¿pero eso de verdad es cierto? Durante los meses que Oliver y Felicity han vivido en su propia burbuja, Darhk ha aprovechado el vacío de poder, y que Laurel, Thea y John ponen mucho empeño, pero no son suficientes contra él, para hacerse no sólo con el control del crimen organizado en la ciudad, sino también de elementos clave en los puestos más altos de dirección de Star City. Dahrk tiene grandes ínfulas, sí, pero desde el principio apunta a ser más peligroso y a dar mas juego que Ra's al-Ghul y toda su parafernalia de la Liga de los Asesinos. Puede ser que Neal McDonough aporte más carisma que Matt Nable, o puede ser que la amenaza de su personaje se aprecia mucho más directa y de mayores dimensiones, paradójicamente.

Esa tumba final y ese salto a seis meses más tarde (más la revelación de que el capitán Lance sigue metiendo la pata en todo lo que hace al aliarse con Dahrk) aportan la chispa definitiva a un principio de cuarta temporada que, realmente, se ha visto revitalizada. La tercera no acabó de encontrar el modo de encajar todas las piezas que tenía en movimiento, y aunque Ray Palmer fue un añadido muy simpático, y la transformación de Laurel en Black Canary estuvo bien llevada, le faltó una dirección, menos distracciones en lo que se suponía que iba a ser una historia enorme de engaños y protección a toda costa de los seres queridos de Oliver ante el casi inmortal Ra's al-Ghul. Tres temporadas de ver a Oliver torturándose porque siente que, por la vida que lleva, se ve obligado a estar solo ya no daban más de sí.

Evidentemente, en "Arrow" no puede haber momentos felices que duren más de tres minutos, pero sí parece que se nota ese tono un poco más ligero que Marc Guggenheim dijo que querían darle a la nueva temporada. La conversión de Oliver en Green Arrow, en alguien que ofrezca esperanza a Star City en los momentos más oscuros, en lugar de inspirar miedo y desconfianza, tiene que contribuir a ese pequeño cambio en el tono de la serie. Seguirán pasando cosas terribles (esa tumba), pero ya toca que el Equipo Arrow empiece a trabajar de verdad como tal, a que se apoyen y no se oculten secretos unos a otros. Es muy probable que sólo así sean capaces de neutralizar a Dahrk. Y sí, esa chaqueta que se ve en los flashbacks de este primer capítulo es de Hal Jordan, el futuro Linterna Verde.
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