01 octubre 2015

Un crimen en los invernaderos

La ficción española ha hecho varios intentos en el género policiaco y, más en concreto, en historias en las que los policías tienen que investigar un único caso durante toda la temporada. En la última década hemos tenido "Desaparecida", "Punta Escarlata" o, este mismo año, "Bajo sospecha", y todas han tenido algún acierto y algunos fallos en su manera de aproximarse al género. Pero como bien saben los británicos, los policiacos son demasiado jugosos para la audiencia como para dejarlos  escapar y, si salen bien, pueden ser grandes series. Antena 3 vuelve a probar suerte con "Mar de plástico", que al menos tiene a su favor un escenario original: los campos de invernaderos de Almería.

En uno de ellos aparece muerta la hija de la alcadesa de Campoamargo, un pueblo en el que hay tensiones sociales por la presencia de inmigrantes ilegales trabajando en el campo, y políticas por los tejemanejes que enseguida descubrimos que se traen entre manos tanto la alcaldesa como Juan Rueda, el dueño de la empresa hortícola de la que, prácticamente, vive todo el pueblo. Ese crisol social y esos conflictos de intereses es el fondo sobre el que se van a mover los guardias civiles que tienen que investigar ese asesinato, liderados por un sargento que arrastra cierto trauma del pasado. "Mar de plástico" se mueve entre una historia detectivesca más o menos convencional y la novedad de la situación social del pueblo, y dependiendo de cómo logre integrarlo todo será un triunfo o no.

Desde luego, tiene algunos personajes interesantes, como Lola, la guardia civil gitana, que realmente habría sido una protagonista bastante más original. Está dividida entre su familia y su trabajo, repudiada por los suyos por ser guardia, pero sin conseguir integrarse del todo en el cuerpo, y ese tira y afloja puede crear un personaje con mucho potencial que, por ahora, sólo está empezando a perfilarse. Por otro lado, había quien decía que, tal vez, habría estado mejor un actor con mayor presencia física que Rodolfo Sancho como Héctor, el nuevo sargento que llega al pueblo, y es probable, pero los puntos más débiles de la serie no vienen tanto por ahí.

"Mar de plástico" es demasiado obvia en algunos asuntos, como los amigos racistas del novio de la muerta y en la presentación de la alcaldesa, pero está montando un entramado en Campoamargo que puede dar sus frutos al final. En ese aspecto sí que se nota un poco más que su modelo a seguir es "La isla mínima", y no sólo porque también tenga la música de Julio de la Rosa. La aspiración por crear un pueblo "vivo", como quien dice, cuyo entorno determine la respuesta de los personajes está muy presente. Y, como comentamos en el programa de esta semana de Yo disparé a JR, tiene una fotografía que nos hace llegar claramente el calor (además de lograr algunos planos estupendos en los invernaderos).

"Mar de plástico" no va a marcar un antes y después en la ficción española, como parece que le pedimos a todas las series medianamente ambiciosas que se estrenan últimamente en nuestro país. Intenta ser una historia negra que haga evolucionar a los personajes y que refleje una realidad social que, a su vez, influye en dichos personajes. El asesinato de Ainhoa va a acabar siendo un producto de la suma de todos esos factores, y si consiguen integrarlos todos de modo coherente, ya será una serie muy estimable.
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