01 octubre 2007

Promocionarse es vulgar

Este pasado fin de semana, aprovechando la postrimerías del Festival de Cine de San Sebastián, escuché por la radio una tertulia en la que se hablaba de que, en España, parecía que estaba mal visto que el director y los actores de una película hicieran promoción de ella. Apuntaban, y con razón, que aquí vemos el cine sólo en su vertiente artística y artesanal y dejamos de lado la faceta industrial, de negocio, que puede ser farisea y manipuladora, pero que es la única manera de que la cinematografía de un país pueda resistir la "invasión cultural" estadounidense. Cuando Santiago Segura se pasea de programa en programa con su camiseta de la nueva entrega de "Torrente", se está asegurando de que, por lo menos, sabemos que hay una nueva película de este policía casposo. Sí, termina cansando, pero él ha conseguido lo que se proponía.

Hace un par de semanas se estrenó una película española de terror que, a priori, tendría todas las papeletas para funcionar razonablemente bien en taquilla: sus protagonistas están encerrados en un búnker (creo) con la amenaza de que algo horrible acecha fuera. Su director levantó gran expectación entre ciertos sectores de la crítica con su inclasificable opera prima, "Fotos", y su segundo largometraje (que se ha hecho esperar) ya se ha vendido para su distribución internacional. Sin embargo, no veo que "La hora fría" haya tenido mucha promoción. No se ha visto a nadie del equipo y, fuera de Internet, tampoco ha hecho mucho ruido ni ha creado cierta expectación ante el estreno. Si alguien pensaba que haber participado en el Festival de Sitges del año pasado era suficiente... Este fin de semana, sólo he visto su cartel en un cine del centro de Madrid, y uno que no destaca precisamente por proyectar taquillazos (el Luchana, por si alguien tiene curiosidad).

Que sí, que la promoción excesiva satura y que cansa ver, durante dos o tres semanas, a los mismos tipos en todos los programas, pero me gustaría saber cómo pretenden las luminarias del cine español que vayamos a verlo si no sabemos ni cuándo se estrena. ¿A qué todos supimos que había una película que se llamaba "Alatriste", u otra que tenía por título "El camino de los ingleses", y estábamos al tanto de cuándo se estrenaban? Que luego gusten o no, es harina de otro costal, pero alguien tiene que decirnos que están ahí para que, al menos, podamos decidir si las vemos y si nos gustan.
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