20 abril 2009

Corazones solitarios

En la misma temporada en la que se estrena "True blood" y "Crepúsculo" inicia otra saga fantástica para adolescentes, con vampiros en lugar de magos, existe la tentación de definir "Déjame entrar" recurriendo a las comparaciones con la serie de la HBO o la película protagonizada por Robert Pattinson y Kristen Stewart. En realidad, lo que más se acercaría a una descripción de la película, basada en el libro homónimo de John Ajvide Lindqvist, sería decir que es una pequeña película sueca, llena de nieve y frío, protagonizada por dos niños solitarios y con problemas que se hacen amigos. Ah, sí, y que uno de ellos es un vampiro.

En todas partes se refiere que la cinta reinventa los tópicos del género vampírico, desde la imposibilidad, so pena de muerte, de que les dé la luz del sol, a la capacidad de convertir a sus víctimas en vampiros, a su fuerza sobrehumana o su capacidad para volar. Desde luego, aporta un punto de vista original, y lo hace al darle más importancia a los problemas de Oskar en el colegio, donde se dedican a acosarlo sin descanso. Cuando Oskar conoce a Eli no queda embriagado por su belleza sobrenatural, ni atraído por una demostración de su poder, ni subyugado por su atractivo animal. Al fin y al cabo, Oskar tiene 12 años y Eli es sólo su nueva vecina, otra niña a la que le gusta salir al patio nevado en medio de la noche para estar a solas, como a él.

Es comprensible el revuelo que se armó en el último Festival de Sitges cuando "Déjame entrar" hubo de conformarse con el Méliès de Oro a la mejor película fantástica europea, viendo cómo "Surveillance" era erigida como mejor cinta del certamen. Estos vampiros suecos no son crowd pleasers, que dicen los yanquis, tienen un ritmo glacial y una total falta de escrúpulos morales en el sentido de que no se juzga a nadie en la cinta, por muy terribles que sean sus actos. Son muy diferentes de los que protagonizaron otra revitalización del género, la que Anne Rice propició con sus libros en los 90 y, en el cine, "Entrevista con el vampiro". "Déjame entrar" sigue su propio camino, uno en el que, de paso se dan unos palos sutiles al tan idealizado estado de bienestar sueco, lo que no dejar de ser curioso por ser la nota que la emparenta con las novelas policíacas de Stieg Larsson, de Henning Mankell y, antes que ellos, de Per Walhöö y Maj Sjowall. Para todos ellos, bajo la nieve y el orden de la sociedad sueca, late algo completamente podrido.
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