16 julio 2010

En las distancias cortas

"The Closer", el término que da título a la serie policíaca del canal TNT (que creo que suele tener los casos mejor escritos del género actualmente), hace referencia a un interrogador muy experto que se encarga de lograr las confesiones, que sabe cómo "trabajar" a un detenido para que acabe contando lo que sabe. En la serie, ese experto es Brenda Johnson, entrenada por la CIA y que se muda a Los Ángeles como subjefa de policía a cargo de una división especial de homicidios que, al principio, no la acoge demasiado hospitalariamente (las burlas de Provenza a su acento de Texas y sus constantes "gracias, muchas gracias" son un punto). En esa primera temporada, "The Closer" estaba muy centrada en Brenda, y todavía se notaba mucho esa gran deuda que tiene con, sobre todo, la primera temporada de "Principal sospechoso".

Como ya hemos comentado alguna que otra vez, una serie es algo vivo, en constante evolución, en la que el trabajo diario de guionistas, actores y técnicos va otorgándole una personalidad en propia. Con el paso de los capítulos, "The Closer" ha ido aligerando un poco el tono, consiguiendo algunos episodios muy divertidos en un estilo no muy diferente de lo que hace "Bones", y trufándolo todo de pequeños detalles que, principalmente, nos han permitido conocer mejor a todos los personajes, no sólo a Brenda, y aunque ella continúa siendo la protagonista, todos los demás han ido ganando peso gradualmente y convirtiendo la serie en algo más coral. Ver en marcha la dinámica de todos ellos poniendo en común lo que van averiguando de su caso es estupendo porque se ve fluido y hasta natural, y siempre deja pequeños momentos muy simpáticos.

Todos los veranos hay una serie que varios blogueros empiezan a ver casi al mismo tiempo, ya sea "Doctor Who" o "Bones" hace un par de temporadas o, este verano, "Fringe" o "The Closer". Ésta última cuesta mucho de recomendar y de convencer a un espectador con ganas de ver todo tipo de cosas de que merece la pena. Ser una serie de casos, aunque sean los personajes los que otorguen una continuidad, levanta siempre un muro de prejuicios. Cuesta convencer de que los casos están muy bien escritos e hilados, de que Brenda es un gran y complejo personaje, de que sus compañeros son un conjunto que funciona con mucha precisión, y que suele haber con frecuencia personajes invitados inolvidables, como los propios padres de Brenda. Ya casi había renunciado a que alguien más le diera una oportunidad, pero el principio de la sexta temporada, en el que las cosas cambian de modo bastante notable para el grupo de la jefa Johnson, me ha animado a volver a intentarlo.

En pocas series se cuidan tanto los detalles como en ésta, hasta el nivel de hacer lo mismo que hace "Mad Men" de construir y describir los personajes con la ropa. A Brenda no sólo la define su adicción por los dulces, o su maestría manipulando un interrogatorio, o ese bolso gigantesco que parece el de Mary Poppins, o su relación con Fritzy; también lo hacen sus vestidos de colores, sus sombreros de paja para protegerse del sol (con gran contraste con los gorritos de Provenza), sus gabardinas, su acento... En "The Closer" cuenta todo para hacerte pasar una hora de diversión.
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