23 julio 2010

Una noche no tan loca

Cuando lo más divertido de una película son las tomas falsas y las improvisaciones descartadas en el montaje definitivo que vemos en los títulos de crédito finales, la cosa no pinta demasiado bien. Sólo con esas breves escenas en las que Steve Carell y Tina Fey dicen tonterías fuera del guión, ponen caras raras y voces extrañas, es posible darse cuenta del enorme potencial cómico desaprovechado que tiene "Noche loca" con esa pareja protagonista (hasta algunas de sus entrevistas de promoción son más divertidas y ocurrentes). Tampoco es que la cinta sea una completa pérdida de tiempo, pero todo el rollo de la confusión de identidades y la persecución por parte de los mafiosos (que es en realidad casi todo el metraje de la película) no aporta nada.

Lo mejor, sin duda, es el principio, cuando vemos a los Foster en su vida diaria, agobiados por los niños, el trabajo y sin tiempo para dedicarse a ellos mismos. Ahí, Fey y Carell no sólo están muy graciosos (las invenciones de los diálogos de los clientes del restaurante son un punto), sino que transmiten perfectamente la relación que tienen sus personajes y es fácil creer que llevan años casados y que quieren salir de una rutina que ha llevado a dos de sus amigos a divorciarse. Todo el malentendido en el restaurante qe ocasiona la persecución posterior es simplemente la genuina intención de Phil de darle un poco de sal a sus vidas, y en todo momento la química entre los dos es evidente.

Aunque la trama a veces no sea más que una mala copia de cintas como "Jó, qué noche", entre Fey y Carell salvan la función gracias a su voluntad por probar cualquier cosa que pueda ser divertida. El modo en el pronuncian algunas frases ya las hace graciosas, aunque sobre el papel no lo sean, y sería interesante verlos de nuevo en algo que los aproveche un poco más, en lugar de ponerlos a correr como locos por medio Manhattan, y de hacerle varias visitas a un Mark Wahlberg descamisado. Los momentos en los que la película simplemente les deja trabajar a su aire son los que de verdad valen la pena.
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