13 julio 2010

Lattimer y Bering

La primera temporada de "Warehouse 13" fue el año pasado una de las revelaciones del verano en cuanto a audiencias. Lanzó el nuevo nombre de Syfy convirtiéndose en la serie más vista en toda su historia, y no sería raro que acabara tomando el relevo de "Eureka" en cuanto a ser la más exitosa del canal. Sus armas son simples y muy estivales; un montón de cachivaches steampunk que molen, malos casi de cómic (el nuevo villano promete ser interesante), unos secundarios que aportan un toque excéntrico o más serio, según se necesite (como Saul Rubinek y CCH Pounder), y una pareja protagonista con una química fácil y divertida. Y, noticia, cuya relación no está basada en la tensión sexual no resuelta, por ahora.

Ya comentamos en su momento que, a veces, la serie gira más en torno a Artie y que Pete Lattimer y Myka Bering corren el riesgo de terminar como secundarios de lujo en su propio show. El estreno de la segunda temporada se siente un poco así, aunque es inevitable porque tiene que resolver el cliffhanger de la primera, que afectaba de lleno a Artie. Se nos ha presentado el que será el nuevo arco para el resto de episodios, con una nueva némesis salida directamente del Almacén (e interpretada por alguien que tiene experiencia en hacer de némesis, aunque en otra serie más seria que ésta), y lo que parece claro es que los "artefactos de la semana" van a continuar siendo el motor del show. Pero a esa ligereza, a esa sensación de no tomarse demasiado en serio contribuyen definitivamente Pete y Myka, con una simpática dinámica de compañeros que siempre están pinchándose y que han llegado a formar un equipo que puede funcionar casi sin pensar.

Ella estaba muy encorsetada al principio de la serie en el papel de la seria y profesional, algo demasiado común en las mitades femeninas de estas parejas dispares de policías, pero enseguida se soltó más y ahora nos permiten ver algunos momentos suyos de genuino entusiasmo por los libros, por ejemplo. Lattimer continúa fiándolo todo a su encanto y a sus corazonadas, y sigue necesitando que Myka lo saque de algún que otro apuro pero, como digo, a mí no me cansa verlos (podría llegar a cansarme más Claudia). Resultan entretenidos y es un punto a su favor que sepan llevar una buena relación profesional de igual a igual. Y qué demonios, su pretensión no es más que divertir, y conmigo lo consiguen.
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