15 junio 2011

Investigaciones Mars

Entre 2005 y 2007, muchas de las entradas de este blog estaban dominadas por dos series: "Perdidos" y "Verónica Mars". Ambas se habían estrenado en 2004 y, curiosamente, ambas empezó a emitirlas en España TVE. Pero mientras "Perdidos" se veía en La 1, "Verónica Mars" acababa en nuestro propio cementerio televisivo, el horario de los sábados por la noche en La 2, que reproducía un poco el estatus minoritario que tenía la serie en Estados Unidos, estrenada en UPN y salvándose por los pelos de la cancelación en su primera temporada. Además, curiosamente, creo que en sus dos primeras entregas la detective de Neptune (California) competía directamente contra los náufragos de la ABC (lo que llevó a Rob Thomas, creador de "Verónica Mars", a incluir un pequeño homenaje a "Perdidos").

Es una pena que tuviera tan poca repercusión en su momento (aunque los críticos la adoraban), porque desde el piloto quedaba muy claro que estábamos ante algo que podía ser especial y que su protagonista, Kristen Bell, estaba llamada a grandes cosas si encontraba el material adecuado para ello (por ahora, Verónica sigue siendo su punto más alto). Aquella adolescente a la que conocemos metida en un coche, armada con una cámara de fotos y con los libros del examen del día siguiente en el asiento del copiloto, vigilando un motel para cazar a un hombre engañando a su mujer con otra, se convirtió en uno de los mejores personajes femeninos que nos ha dado la televisión estadounidense reciente. "Verónica Mars" unía el drama de instituto con el cine negro y el humor sarcástico e irónico del Hollywood clásico para construir unos capítulos que se pasaban en un suspiro, y en los que ya sólo ver a Verónica intercambiar frases ingeniosas con su padre era mejor que buena parte de la parrilla de aquel entonces.

Y a todo esto, ¿de qué iba la serie? Pues de la caída y la recuperación de su dignidad de Verónica, que en muy poco tiempo ve cómo su mejor amiga es asesinada, su novio la deja, su padre pierde el puesto de sheriff y debe dedicarse a ser detective privado, su madre se marcha, se convierte en una paria social en el instituto y, oh sí, la violan en una fiesta. Todo esto sería suficiente para hundir a cualquiera en un pozo sin fondo, pero Verónica se levanta y, armada con su ingenio y una armadura de sarcasmo, se dispone a averiguar quién mató a Lilly Kane, dónde está su madre y a vengarse de todos los que hicieron que su vida se pusiera patas arriba. Y en cuanto acaba el piloto ya estás de su lado, y te ríes con sus salidas y, al mismo tiempo, puedes cazar pequeñas grietas en la armadura, vistazos a la vulnerabilidad que Verónica siempre va a llevar consigo.

A mí siempre me recordó mucho a las historias de Philip Marlowe, y no sólo porque su protagonista era como una versión en adolescente rubia del detective de Raymond Chandler. A la serie le interesaba más mostrar las desigualdades de clase de Neptune y la cara oculta de sus personajes que la resolución de los casos, y también dejó algunos secundarios memorables (y con unos nombres muy noir) como Mac, Vinnie Van Lowe (el detective rival de los Mars), Cliff McCormack (el abogado de Keith Mars), el sheriff Don Lamb o las familias Kane y Echolls. Sus diálogos estaban llenos de referencias a la cultura pop y juegos de palabras, y el dúo padre-hija de Keith y Verónica era insuperable. Las dos primeras temporadas son las mejores (la primera, especialmente), y aunque la tercera sufrió los vaivenes de la nueva The CW y sus intentos por atraer nuevos espectadores, también merece la pena. Si os animáis a verla este verano sabed una cosa; tiene un alto potencial de enganche.

P.D.: Esta entrada ha sido inspirada por dos cosas; ver a Alona Tal en un capítulo de "The Killing" y encontrarme en "Glee" a Rachel y Finn llevando a cabo una vigilancia de un motel al más puro estilo Investigaciones Mars... Pero sin Backup.
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