08 junio 2011

La serie de Linden y Holder

Si "The Killing" quiere tener una segunda temporada, y que los espectadores tengan curiosidad por verla, necesita desarrollar a los dos únicos protagonistas que repetirán de esta primera: los detectives Sarah Linden y Steven Holder. No se sabe nada de su posible renovación (AMC no dice esta boca es mía hasta que la serie no acaba), pero sí es seguro que, de tener otros 13 episodios el año que viene, Linden y Holder tendrán un caso nuevo que investigar. Así es como "Forbrydelsen" lleva tres temporadas en la televisión danesa, y así es como, además, la serie puede resarcirse de una investigación inicial que empezó con fuerza y ha decaído poco a poco, hasta el punto de que, como coméntabamos no hace mucho, da la sensación que el asesinato de Rosie Larsen daba más para una duración estándar británica de 7-8 capítulos, y no trece.

Curiosamente, justo en un episodio en el que se marca una de esas digresiones, o fillers, o como queráis llamarlos (aunque exactamente no está "embotellado"), que los títulos muy serializados suelen hacer de vez en cuando, en los que la trama no se avanza y se centra todo en desarrollar más ciertos personajes, es cuando "The Killing" ha vuelto a alcanzar el nivel que se intuía en sus primeros tres-cuatro capítulos (no creo que sea casualidad que lo haya escrito Veena Sud, la responsable de la serie). A través de cierto hecho que toca más directamente a Linden, conocemos un poco más a los dos policías, cuyo retrato había quedado diluido al repartirse la atención con los Larsen, con el concejal que se presenta a alcalde y con cierto sospechoso al que, tal vez, dedicaron demasiado tiempo. Sus personalidades contrapuestas, que ocultan pasados no demasiado diferentes, no impiden que, en realidad, estén comenzando a trabajar bien juntos y a fraguar una interesante dinámica que ha sido desde el principio el atractivo principal de la serie para mí, y que debe mantenerla en una hipotética segunda temporada.

El falso optimismo y carácter expansivo de Holder y la reserva y seriedad de Linden demuestran complementarse en una escena en una cafetería en la que ninguno comenta nada sobre el asesinato de Rosie Larsen y, aun así, es reveladora y muy interesante. Este retrato de personajes no se ha visto en unos cuantos de los episodios anteriores, y tal vez el formato de hacer que cada uno sea un día de la investigación no era el más adecuado, como apuntaba Alan Sepinwall en su crítica de "Missing". En once días no pueden cambiar tanto los estados de ánimo ni avanzar tan rápido en una investigación como si tuviéramos elipsis de varias semanas, por ejemplo, y teniendo en cuenta que el ritmo frenético no es lo que buscan, les ha faltado un poco más de cuidado en la evolución de los personajes.

Como siempre que una serie así se toma un descanso de la trama serializada, saltan las voces quejándose de que "a falta de sólo dos episodios no sé por qué hacen esto y no nos dan respuestas ya". "The Killing" pretende ser una serie de personajes, así que capítulos como "Missing" son muy necesarios, más aún si demuestran que de verdad pueden mostrarnos a dos personas que resulten interesantes de seguir semana a semana como Linden y Holder. Aquí, en mi caso, me pasa un poco como con "Desaparecida"; lo que me engancha y me deja con ganas de ver más son los policías, incluso cuando meten la pata y se comportan de un modo no muy profesional. Sólo por eso estaría bien que AMC renovara "The Killing" por una segunda temporada, para ver cómo continúan Linden y Holder ahora que ya han pasado la fase de presentación.
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