07 junio 2011

Un puzzle espacio-temporal

 ALERTA SPOILERS: La sexta temporada de "Doctor Who" se ha ido de vacaciones hasta septiembre. ¿Habéis visto el séptimo capítulo? ¿Sí? Entonces podéis continuar.

Si los capítulos que Steven Moffat escribía para "Doctor Who" en la época de Russell T. Davies eran unos rompecabezas interesantes y, a veces, a prueba de análisis pormenorizados, en cuanto ha asumido las riendas totales de la serie se ha desmelenado y se ha sacado de la manga una trama muy serializada desde el principio de la quinta temporada, aunque a veces estuviera más en segundo plano, una trama llena de bucles temporales, saltos, monstruos inquietantes y misterios que se resuelven sólo para dar lugar a nuevos enigmas. La historia de Amy, Rory y River (o igual deberíamos llamarla Melody) es la gran protagonista de estos 20 episodios supervisados por Moffat, en los que empezamos a ver en su Doctor las mismas pinceladas más humanas que Davies imprimió poco a poco en Nueve y en Diez.

Tras una construcción tan eficaz del misterio, las resoluciones siempre son anticlimáticas (en "Jekyll" pasa algo así), así que es normal que la revelación de quién es River se sienta un poco... así. No es un mal detalle (y la verdad es que ella y el Doctor están graciosos y adorables en cuanto él se da cuenta), pero añade aún más complicaciones temporales a todo el puzzle. No obstante, como decimos siempre que los viajes en el tiempo están involucrados, no podemos cuestionar sus puntos de partida, o el castillo se derrumba por muy afianzado que esté. Así que me quedo con la nueva capa emocional que adquiere el personaje, con la duda de si Amy o Rory alguna vez consiguieron recuperarla (no lo parece) y casi con la certeza de que ella es la niña que vemos regenerándose al final del inicial capítulo doble.

Ese principio y el episodio escrito por Neil Gaiman, que "humanizaba" a la Tardis, han sido los puntos más álgidos de la primera mitad de la temporada. De hecho, su brillo es tal, que contrasta mucho con el resto de episodios, de un nivel mucho más mediocre. El de los replicantes de "carne", aunque tenía como objetivo prepararnos para todo lo que estaba por venir, nunca lograba cuajar más allá de un par de ideas interesantes sobre la identidad humana, ideas que ya habían desarrollado más en profundidad "Blade Runner" y "Battlestar Galactica" (y de dejar un dúo de Doctores muy divertido). Pero "The Doctor's wife" sí era original y tenía la emoción que a veces se corre el riesgo de diluirse en medio de las piezas del puzzle (y de los homenajes a "La guerra de las galaxias").

Aún nos queda por averiguar si es una versión anterior de River (de niña, por ejemplo) la que mata al Doctor en el primer episodio, y cómo van a resolver eso. Ella sigue siendo un gran personaje, uno que sospecho que tiene los días contados en la serie (y no sólo porque la viéramos morir en la cuarta temporada). Once empieza a ser menos alienígena y más humano y Amy y Rory sí han perdido un poco de fuerza, si bien no me extrañaría que, ahora que ya saben qué pasaba con Amy, vuelvan un poco a ser los de antes, sobre todo ella. Los seis episodios que nos quedan seguro que van a seguir explotando el talento de Moffat con las criaturas y las atmósferas inquietantes, y veremos si Amy no va directa a un final en la línea de Donna Noble.
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