20 diciembre 2011

Lo genial y lo frágil

ALERTA SPOILERS: Por si quedáis algunos que no hayais visto el final de la primera temporada de "Homeland", lo mejor es que no leais absolutamente nada sobre la serie y volvais cuando hayáis visto en acción al sargento Brody, a Saul Berenson y a Carrie Mathison.

Puede decirse que hay una tradición de genios muy frágiles; gente muy inteligente y sensible en determinados campos, capaz de reinventar el modo en el que se toca Bach y de huir al mismo tiempo de todo contacto humano, o de sufrir delirios paranoides y realizar los trabajos definitivos sobre la teoría matemática de los juegos. Los Bobby Fischer, Isaac Newton (del que se cree que sufría algún tipo de trastorno bipolar) o Vincent Van Gogh alcanzan grandes cimas intelectuales y artísticas, pero es como si sus mentes no pudieran manejar toda esa inteligencia y se rompieran. No es un caso como el de Alice Morgan en "Luther", en el que su extrema inteligencia acaba llevándola a distanciarse del resto del género humano; en estos genios conviven la brillantez y la locura y, muchas veces, llevan a que nos preguntemos si la primera podría sobrevivir sin la segunda.

En el último tramo de la primera temporada de "Homeland" termina sucediendo lo que llevamos casi esperando desde el principio; que Carrie acabe descendiendo por una espiral de autodestrucción llena de momentos de clarividencia que le permiten descifrar todo el plan de Abu Nazir y el papel de Brody en él. Pero lo triste, y lo interesante de todo, es que ella no sabe que lleva razón, que siempre tuvo razón. La detonación de la bomba en medio del parque desata un episodio de euforia y su consiguiente depresión profunda que, unido a la "traición" de Brody, la empujan al borde mismo del abismo, a tomar la decisión de someterse a la terapia de electroshock para poder recuperar su vida. La cuestión es si podrá recuperarla y si los efectos secundarios del tratamiento no la dañarán más. Está muy claro que el recuerdo de a quién se refería Brody por Issa terminará regresando a ella a lo largo de la segunda temporada, y también que ver cómo Carrie vuelve lentamente a ser quien era (o la versión mejorada que cree que quiere ser) va a ser de lo más interesante de los nuevos episodios, que no veremos hasta el próximo otoño.

Como ya comentamos no hace mucho, en "Homeland" casi da igual que el chaleco explosivo de Brody falle porque lo que importa es ver cómo toda la seguridad en sí mismo que ha ido acumulando hasta ese momento en el búnker, hasta el momento en el que debe accionar el detonador, se va diluyendo y termina desapareciendo por completo al ver que la bomba no está bien armada. Es la sensación de agobio y determinación de Brody, y también su expresión casi dolida al ver a Carrie después de haberla delatado a Estes, lo que hace que el sargento siga siendo un enigma. Sabemos las acciones que ha emprendido y creemos saber las motivaciones tras ellas, pero no podemos estar seguros de ninguna porque ni siquiera Brody lo está. ¿De verdad pretende ejercer alguna influencia política en su nueva posición o sólo es una huida hacia delante para justificar su fracaso delante de Nazir? ¿Y de verdad Nazir se lo tragó?

Inteligentemente, la serie va a cambiar en su segunda temporada y, de hecho, este último capítulo de la primera era más preparación de lo que está por venir que cierre de lo que ya hemos visto. Las posibilidades son enormes, y no sólo porque Saul (la tercera pata sobre la que se sustenta todo) ahora conoce ya todo el puzzle. Los personajes han crecido y evolucionado, hemos llegado a conocerlos todo lo bien que podemos hacerlo, y van a empezar la segunda entrega cambiados de algún modo, en lugares emocionales distintos de donde empezaron la serie. "Homeland" estará construida siguiendo una trama de espionaje y thriller político, pero eso no es más que la cobertura exterior; los paralelismos entre las mentes y los corazones dañados y solitarios de Brody y Carrie son lo que la impulsa hacia delante. Los dos están rotos e intentan "repararse" por sus propios medios, y lo triste para ellos es que, quizás, el único modo de hacerlo es retomando el camino que emprendieron en aquel fin de semana en la cabaña junto al lago, un camino por el que ya no pueden volver.

P.D.: Uno de los que explica con más claridad lo que es padecer de síndrome bipolar es Stephen Fry. Él mismo reconoce que lo suyo no es la variedad más grave, pero las entrevistas que da sobre el tema (como ésta, en la que hace una interesante comparación con la climatología) ayudan a hacerse una idea de cómo debe ser convivir con esta enfermedad.
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