19 diciembre 2011

Rockeros y salvajes

El principal obstáculo que tiene que superar "Un dios salvaje" es su teatralidad. La adaptación de la obra de Yasmina Reza tiene cuatro personajes que nunca salen de un piso y, en realidad, casi ni siquiera del salón, y todo el andamiaje debe sostenerse únicamente con la presencia de los actores y con el diálogo. Roman Polanski se esfuerza por buscar encuadres que no sean teatrales, desplaza a los actores también por la cocina y el cuarto de baño y hasta juega con los intentos de marcharse del matrimonio interpretado por Christoph Waltz y Kate Winslet como si estuvieran en una suerte de "El ángel exterminador", y a veces consigue que nos olvidemos un poco de que su punto de partida es una obra de teatro.

El atractivo principal es ver la interpretación de Winslet, Waltz (que está tremendo), John C. Reilly y Jodie Foster. Los cuatro no sólo están divertidos (Reza escribe comedias que buscan hacer pensar, al fin y al cabo), sino que contribuyen a que, con la dirección de Polanski, se vaya acumulando la tensión y se note perfectamente que, bajo sus educadas fachadas, los cuatro están deseando gritarse y echarse unos a otros la culpa porque el hijo de uno ha pegado al del otro. La dicotomía entre salvajismo y civilización que discuten es en teoría el tema central de la película, pero lo que interesa es ver las fachadas resquebrajarse, ver sus imposturas de gente teóricamente con clase y educación, pero que se escuda en sus buenos modales para comportarse igual que dos supuestos bárbaron que se atizan con un palo para arreglar sus diferencias. Después de todo lo que vemos, el final (ligeramente diferente del de la obra) pone el broche irónico al asunto.


Este año ha sido, un poco, el de los documentales sobre músicos. Entre Martin Scorsese con "George Harrison: Living in the material world" y Cameron Crowe con "Pearl Jam Twenty", llega Davis Guggenheim y se lanza a contar cómo fue la gestación del disco "Achtung Baby" de U2, de cuya publicación se han cumplido 20 años. "From the sky down" muestra al grupo al borde de la separación, y utilizando la marcha a Berlín para preparar y grabar el álbum como una forma de ver qué camino debían tomar en aquella encrucijada; marcharse cada uno por su lado o abrir una nueva etapa para U2.

Sí, hay entrevistas a los músicos, a sus productores, un recordatorio a la larga sombra de "The Joshua tree" y comentarios sobre cómo estar en Berlín justo cuando cayó el muro tuvo su relevancia en todo el proceso, pero lo más interesante es el vistazo al proceso creativo detrás de las canciones. Guggenheim utiliza material inédito y las cintas de las primeras sesiones de grabación para enseñarnos cómo, por ejemplo, lo que era el esquema básico de "Mysterious ways" terminó dando pie a "One", cómo Bono y The Edge componen primero la melodía antes de escribir la letra y, en general, cómo U2 funciona creativamente por dentro.
Publicar un comentario en la entrada