28 febrero 2012

El espíritu de Marilyn

Marilyn Monroe siempre quiso ser una actriz seria. O si somos más concretos, lo que quería es que se reconocieran sus méritos como actriz más que sus atributos físicos. Sólo con el paso del tiempo se ha podido apreciar que Marilyn tenía un gran timing para la comedia y talento natural para actuar delante de la cámara, pero no sólo la prensa y los críticos tardaron en reconocerlo. Ella parecía también no saberlo, empeñada en estudiar el Método con Paula Strasberg y buscando por todos los medios ese reconocimiento de la esfera intelectual, como si dijéramos, que aquel vestido blanco de "La tentación vive arriba" había imposibilitado, al mismo tiempo que la catapultaba al estatus no ya de gran estrella de Hollywood o de sex-symbol, sino de icono mundial.

En esa búsqueda de reconocimiento se encuadra su decisión de irse a Inglaterra a rodar "El príncipe y la corista" al lado de Laurence Olivier, un proyecto con el que él quería salirse un poco de la adoración que le profesaba el mundo del teatro e intentar que Hollywood lo considerase un actor y director que podía hacer algo más que adaptar obras de William Shakespeare (sus tres películas como realizador hasta ese momento eran "Enrique V", "Hamlet" y "Ricardo III"). "El príncipe y la corista" era, sobre el papel, una unión ideal para Marilyn y para Olivier, pero una unión que que no podía superar sus diferencias en el modo que tenían de trabajar, de concebir lo que era un actor, y en la que ninguno de los dos hablaba el mismo idioma. Aunque se cuenta desde el punto de vista del idealista y enamoradizo Colin Clark, tercer ayudante de dirección y autor del libro que sirve de punto de partida, "Mi semana con Marilyn" es en realidad la historia de ese encuentro fallido y de cómo todos los involucrados en el rodaje intentan "atrapar" a Marilyn, intentan llegar a ella y conocerla, sin que nadie lo consiga.

Es cierto que esa elusividad de Marilyn a veces se deja notar demasiado en la película dirigida por Simon Curtis, pero ésta es una historia amable y simpática que se beneficia de una interpretación central de una Michelle Williams sensacional y, en general, de un reparto muy conjuntado. Williams cambia de estado de ánimo casi constantemente y de un modo en el que casi no nos damos cuenta, y hay momentos en los que realmente parece estar canalizando la esencia de Marilyn. Algunas críticas decían que no es hasta que ella aparece en escena cuando la cinta se eleva de un mero ejercicio nostálgico a otra cosa, a algo más difícil de describir, pero también es verdad que es un poco la "El discurso del rey" de este año: muy bien hecha, con buenos actores, con una ambientación muy cuidada (y otra estupenda banda sonora de Alexandre Desplat, el compositor pluriempleado), pero a la que le falta ese toque extra que la distinga por encima de la media (aunque "Mi semana con Marilyn" tiene un poco más de energía y chispa que "El discurso del rey").

Este va a ser un año con mucha presencia de Marilyn Monroe (en agosto se cumplirán 50 años de su muerte), y no sólo todas las semanas a través de los capítulos de "Smash". Williams ha salido mucho más que airosa del reto y, curiosamente, si queréis ver una reinterpretación de Marilyn sin ser directamente Marilyn, no tenéis más que ver a Jessica Chastain como Celia en "Criadas y señoras".
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