03 febrero 2012

Tócala, Sam



Hay películas que trascienden las fronteras del cine, que dejan de ser meras películas para convertirse en iconos. Tomemos por caso "Casablanca", Oscar a la mejor película en 1943 y de cuyo estreno se cumplirán en noviembre 70 años. Era una película rodada como parte del esfuerzo propagandístico de Hollywood para apoyar la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial (un profesor mío de universidad sostenía que Ilsa representaba a Europa y Rick, a EE.UU.). De hecho, su estreno se adelantó para aprovechar, precisamente, el empujón propagandístico del inicio de la campaña de los aliados en el norte de África, con la consiguiente liberación de Casablanca. Como suele ocurrir, nadie suponía en su momento que "Casablanca" iba a acabar adoptando la vida propia que adoptó después. Sólo era una cinta basada en una obra de teatro que no se había representado, por la que pasaron multitud de guionistas, y cuyo guión se reescribía continuamente mientras la estaban rodando, que Michael Curtiz rodó casi por entero en el estudio de Warner, aprovechando decorados construidos para otras películas, y que, en un principio, iba a tener otros protagonistas. Y hasta otro director.

William Wyler, que venía de dirigir dos películas con Bette Davis, era la primera opción, pero no estaba disponible. Casualidades de la vida, Wyler ganaría en los mismos Oscars de 1943 el premio a mejor director por "La señora Miniver"(también ambientada al principio de la Segunda Guerra Mundial). Su sustituto sería Michael Curtiz, que tenía en su haber éxitos como "Robin de los bosques" o "Yanqui dandy", con James Cagney en uno de sus pocos papeles en los que no hacía de gangster, y que fue contratado porque era amigo del productor. Warner quería que Rick e Ilsa fueran interpretados por Ronald Reagan (sí, ese Ronald Reagan) y Ann Sheridan, pero por esas maniobras del sistema de los esudios de entonces, los elegidos acabarían siendo Humphrey Bogart, que estaba empezando a cosechar cierto éxito, e Ingrid Bergman, que no había tenido ninguno desde su primera película en Hollywood, "Intermezzo", en 1938, y que participó en "Casablanca" porque el productor, Hal B. Wallis, se la "intercambió" a David O. Selznick por Olivia de Havilland.

Entre todos, con la inestimable colaboración de grandes secundarios como Sydney Greenstreet, Claude Rains y Peter Lorre, terminaron sobreponiéndose  a los cambios continuos en el guión y entregando una película que, si bien puede objetarse que, con toda probabilidad, no es objetivamente una película especialmente notable, sí posee un aura especial, un algo difícilmente descriptible que es lo que le asegura siempre un puesto en las listas de las mejores películas de la historia del cine al lado de "Ciudadano Kane". Puede ser que una pareja tan improbable, a priori, como Bogart y Bergman funciona a la perfección, puede ser el romanticismo incurable y condenado a la decepción que hay en Rick, puede ser la ironía que subyace en el capitán Renault, por tener, seguramente, los diálogos más citados de la historia... Por lo que sea, "Casablanca" tiene una estatura que ninguna otra película puede alcanzar. Lo de "Lo que el viento se llevó" es otra cosa.

P.D.: En otro caso de cómo la gastaba la censura franquista en España, "Casablanca" no se estrenó por estos lares hasta 1946 (aún tuvo suerte; "El gran dictador" tardó la friolera de 36 años en verse en España), y cuando la hizo, los censores metieron tijera y eliminaron una secuencia de la película que, en realidad, no tiene más importancia que para dibujarnos mejor a Rick; es la secuencia en la que le cuenta a Renault que, antes de acabar regentando un café en Marruecos, había combatido en la guerra civil española, enrolado en las Brigadas Internacionales.

Publicar un comentario