23 febrero 2012

La máquina forzada de Castle y Beckett

Hay una máxima que creo que es interesante seguir en esta extraña afición de ver series: si ves alguna sólo para quejarte, lo mejor es que la abandones. Yo la he aplicado este año a "Castle", un título que se ha consolidado en la parrilla de la ABC y ha logrado reunir a un fiel grupo de fans que viven obsesionados por saber cuándo se decidirán los guionistas a que Castle y Beckett resuelvan su TSNR y consumen su relación, pero que ha perdido el poco interés que tenía para mí. Es cierto que ha mejorado desde un inicio bastante a trompicones, cuando lo único salvable eran las interacciones del escritor con su madre y con su hija, y poco a poco han logrado que cierto humor y una sensación de "vamos a pasarlo bien" permee gran parte de los momentos en los que Castle va con los detectives a resolver unos casos que también se volvieron algo más interesantes.

Sin embargo, todas estas series de tono más ligero tienen siempre ínfulas de drama encubierto, sin que todas las manejen igual de bien, y "Castle" no se distingue precisamente por eso. O no se distinguía, porque teniendo en cuenta que abandoné muy al principio de la cuarta temporada, no sé si habrán mejorado también en ese aspecto con el correr de los capítulos. Cuando le daban más cancha al drama, cargaban demasiado las tintas y todo era hasta demasiado dramático (¿de verdad tenían que hacer que la muerte de la madre de Beckett formara parte de una conspiración? ¿No era ya suficiente trauma para ella?), y aún se notaba más cuando intentaban avanzar la relación entre su pareja protagonista justo en esos momentos de mayor drama. Ya sabéis que nunca he visto ninguna tensión sexual no resuelta entre Castle y Beckett y que, de hecho, al principio ella me parecía demasiado estirada, seria y muy poco interesante.

En la segunda temporada (además de seguir experimentando con su peinado y su vestuario), la detective se relajó un poco más y sí desarrolló una simpática química con Castle, pero de amigos y colegas de trabajo, no de potenciales amantes reprimidos. Y cada vez que la serie los colocaba en situaciones que, en teoría, debían potenciar la TSNR, yo no podía evitar pensar que estaban muy forzadas y que casi eran un intento desesperado de que esa faceta de "Castle" funcionara igual que el resto. El tono más dramático del inicio de la cuarta temporada, con esas clásicas confesiones dichas cuando crees que estás a punto de perderlo todo, me convenció definitivamente de que no merecía la pena ver "Castle" para que lo único que fuera a escribir sobre ella fuera una repetición de todas las cosas que no termino de ver. Y sí que veo series que no me motivan a escribir nada, pero con las que disfruto, como "Modern Family", pero si algunas sólo te impulsan a escribir quejas, no es buena señal.

"Castle" tiene muchos fans entregados en la blogosfera, fans que ya están en un sinvivir pensando que Castle y Beckett van a estar eternamente dando vueltas sobre sí mismos. Ésa es la naturaleza de la bestia, y si siguen insistiendo en su TSNR, la van a alargar todo lo que puedan. Pero yo no estaré ahí para verlo.

P.D.: No quiero seguir comparando "Castle" con "Bones" porque, simplemente, no es justo, y no sólo porque una está en la cuarta temporada y la otra, en la séptima (y "Bones" era mucho más divertida que "Castle" cuando estaba en la cuarta temporada). Ved sólo el cuarto episodio de la primera temporada de "Bones", "The man in the bear", para comprobar lo que es la química inmediata entre una pareja protagonista. O echad un ojo a lo que Joanne Kelly y Eddie McClintock hacen en "Warehouse 13", una pareja, por cierto, sin intereses románticos de por medio. Ese camino deberían seguir Castle y Beckett.
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