15 enero 2013

La inercia

La inercia es una de las tendencias más acusadas en el mundo seriéfilo en los últimos tiempos. No es que antes no "existiera", pero no era lo mismo hacer zapping y acabar viendo "Embrujadas" que bajarla todas las semanas y verla más activamente. Con la popularización de las opciones que Internet ofrece para seguir 300 series al mismo tiempo, la inercia se esgrime como crítica hacia series que perdieron hace tiempo la chispa que las hacía interesantes, pero cuyos fans siguen viendo con desgana. "La veo por inercia" es una de las explicaciones más comunes cuando se le pregunta a alguien por qué está viendo una serie de la que no para de quejarse de que ya no es lo que era. Todos caemos en esa trampa; resulta curioso que, por mucho que digamos que, al ver tantas series, nos volvemos más exigentes con ellas, luego no somos capaces de abandonar aquellas que ya no nos hacen gracia, o que nos indignan, o que directamente hemos empezado a odiar. Y no, esto no es lo mismo que el hate-watching. Ahí entra un elemento de placer en el odio que no está en la inercia; lo de ésta es más seguimiento desinteresado.

Sin embargo, la inercia tiene una consecuencia indeseada (o bueno, indeseada dependiendo de para quién), que es ir poniendo cada vez más expectativas sobre el final último y definitivo de la serie, esperando contra toda lógica que ese final compense por todos los años de aburrimiento y decepción. Evidentemente, esto es una tarea imposible. El último episodio será producto de todas esas temporadas que hemos sufrido en nuestro afán por no dejar de ver la serie y, por lo tanto, esperar tanto de él lleva directamente a la sensación de que nos han timado y que, como decía Lorelai Gilmore sobre "Magnolia", queremos que nos devuelvan esas horas de nuestra vida. Dos de los títulos cuyo visionado más se excusa con la inercia, "Sobrenatural" y "Cómo conocí a vuestra madre", están experimentando esa situación, la de fans descontentos que las ven sólo para llegar al final, con lo que terminan enfadándose también cuando las cadenas deciden renovarlas por una temporada más.

Es decir, que la inercia termina siendo la causa de muchas frustraciones y robándonos la principal motivación por la que empezamos a ver series, que no es otra que el entretenimiento y la diversión. La sensación de que seguir algunas de ellas se vuelve una obligación la hemos comentado ya varias veces, pero también se encuentra detrás de esta inercia. Entre las series a las que teníamos cariño y no queremos abandonar, las que vemos porque todo el mundo habla de ellas o las que seguimos porque son las consideradas clásicos contemporáneos, hay muchas opciones para que sigamos algo por inercia. Por otro lado, a veces da la sensación de que la inercia es la excusa que ponemos para no reconocer que todavía nos gusta una serie en la que la moda es decir que debería haber terminado hace cinco temporadas, porque de otro modo se habría caído de nuestra rotación televisiva hace tiempo. Pero todo esto depende de nuestro umbral del dolor con las series.
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