01 enero 2013

Las series de autor

En el libro "The revolution was televised", el crítico Alan Sepinwall traza un poco un recorrido por las series que han marcado la ficción televisiva reciente, remontándose a "Buffy, cazavampiros" y "Oz", y cuenta cómo era el caldo de cultivo en el que estas series pudieron no sólo imaginarse, sino producirse, emitirse y hasta tener éxito. Varios creadores describen el ambiente que había entonces en cadenas como HBO como el "Salvaje Oeste", un lugar en el que se iban haciendo las reglas sobre la marcha y en el que todo el mundo estaba dispuesto a arriesgar porque, en realidad, no tenían nada que perder. HBO emitió "Oz" porque quería crearse su propia imagen de marca en medio de todos los canales por cable, y su ejemplo animó a otras cadenas a hacer algo parecido, como FX. The WB era un canal de historia muy reciente que buscaba programación orientada al público joven, y en el que se daba la oportunidad a que cosas como "Buffy" y creadores como J.J. Abrams tuvieran la ocasión de buscar ese público. ABC estaba en una situación tan desesperada en 2004, que el ejecutivo al que se le ocurrió la idea de "Perdidos" sabía que podía ser despedido antes de que se estrenara el piloto (como así ocurrió).

Y luego llegamos a AMC. En todas las cadenas antes mencionadas, al periodo del Salvaje Oeste le siguió otro más convencional, en el que ya no podían arriesgarse tanto porque ahora sí tenían bastante en juego, y fueron otras cadenas que estaban empezando a introducirse en la ficción de producción propia las que tomaron el relevo de las series "de autor", las que buscaban a guionistas con voces propias y les daban el entorno apropiado para mostraran esas voces, lo que, a su vez, le permitía a la cadena ir creándose su propia imagen. En el libro de Sepinwall, en el capítulo dedicado a "Mad Men", se explica que AMC empezó a plantearse desarrollar sus propias series para diferenciarse de TCM, su principal competidor en las cadenas de cine, y que buscaba además series que pudieran encajar de algún modo con el catálogo de películas que tenían a su disposición. El estreno de "Mad Men" fue precedido de varios filmes clásicos de los 50, para apoyar "Breaking Bad" emitieron antes "Uno de los nuestros" e hicieron coincidir el estreno de "The Walking Dead" en 2010 con el maratón de películas de terror que programan tradicionalmente en Halloween.

Desde entonces, la adaptación de los cómics de Robert Kirkman ha explotado como la serie más vista del cable y una de las tres más vistas de la televisión estadounidense en general, con unos cerca de once millones de espectadores de media que son la envidia del 90% de las series de network, y que triplican las audiencias que tiene, por ejemplo, "Mad Men". Semejante éxito, ya desde la primera entrega, ha llevado a que, de repente, a AMC se la vea no como la heredera de HBO, sino como a otra cadena de televisión más, movida más por los números que la calidad, y que se permite el lujo de reemplazar showrunners como si fuera la CBS. Las agrias negociaciones con Matthew Weiner para renovar su serie ya comenzaron a arrojar dudas sobre la gestión de AMC, y el despido de Frank Darabont y, después, Glen Mazzara de "The Walking Dead" ha terminado por conllevar que algunos críticos se pregunten si ha muerto la televisión de autor cuyo ascenso se cuenta en el libro de Sepinwall. Quizás habría que decir que, cuando se tienen once millones de espectadores, no hay autores que valgan.

Cuando AMC dio luz verde a "Mad Men" y "Breaking Bad", no soñaban con que tendrían la misma audiencia que un capítulo de "Once upon a time". Se conformaban con tener buena respuesta crítica y que les ayudaran a crear una imagen de marca diferenciada del resto de canales de cable básico que emiten películas clásicas. Luego llegaron los Emmy y se empezó a gestar alrededor de la cadena esa idea de que era algo así como "la nueva HBO" (con sólo dos series estrenadas), una idea que la puso en un pedestal tan alto, que la caída tenía que ser monumental. Además, es muy cierto que, excepto en "The Killing", AMC ha tenido problemas con todos los showrunners de sus series, aunque a veces los cambios fueron para bien, como dirá cualquier fan de "The Walking Dead" que se pasó toda la segunda temporada quejándose amargamente de la granja de Hershel. La conclusión de todo esto es que, de golpe, AMC ya no es una cadena de delicatessen, sino una como otra cualquiera, más preocupada por su modelo de negocio que por la calidad (algo que se les aplica al 100% de las cadenas, incluida HBO). "The Walking Dead" es su mayor éxito, lo co-producen ellos junto con Fox International Channels y quieren que siga así, por lo que no consideran que el puesto de showrunner sea sagrado. Probablemente, mientras Robert Kirkman siga unido a la serie, esa posición será como la de entrenador del Atlético de Madrid.

¿Es esto culpa de la cadena o de los críticos que la endiosaron antes de tiempo? Lo realmente curioso de todo es que uno de los propietarios de AMC, Charles Dolan, es también el padre del actual dueño de los New York Knicks, James Dolan, y los Knicks son lo más parecido al Atleti que hay en la NBA. Eso quizás explique muchas cosas.
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