16 abril 2014

El hotel de los líos


Uno de los éxitos de taquilla más sorprendentes de la primavera en Estados Unidos es "El Gran Hotel Budapest", la última película de Wes Anderson. Se estrenó de for,a limitada el 7 de marzo en sólo cuatro cines, y recaudó más de 800.000 dólares ese primer fin de semana, teniendo la mayor media por sala. Al siguiente viernes, se exhibía en 66 salas, y volvió a tener la media por pantalla más alta (superando los 55.000 dólares). Para cuando llegó el día 28, cuando se estrenaba ya a nivel nacional, estaba entre las seis cintas más taquilleras de ese fin de semana (el mismo en el que se estrenó "Noé"), y seguía teniendo una altísima recaudación media por pantalla. Terminó marzo como la octava en taquilla, apenas tres millones de dólares por debajo de lo que había hecho "Need for speed", por ejemplo, que se había estrenado por todo lo alto el día 15, y ya ha superado los 100 millones de dólares de recaudación, de los que más de sesenta corresponden al mercado internacional. No se acerca aún a "Los Tenenbaums", que es la cinta más taquillera de Anderson, pero con "El Gran Hotel Budapest" y "Moonrise Kingdom", el cineasta ha vuelto a situarse en primera línea entre los realizadores estadounidenses.

Es curioso que tenga esa aceptación, teniendo en cuenta lo muy particular que son sus trabajos y, sobre todo, su sentido del humor. El tono de sus dos últimas películas oscila entre la ironía del moderneo, lo naíf, la nostalgia y algunas connotaciones bastantes serias, sobre todo en la historia de ese recepcionista de un elegante hotel de montaña en un ficticio país del este de Europa, durante la época de entreguerras. Gustave H. es muy eficiente, también es un playboy para las mujeres mayores adineradas que se alojan en el hotel, y vive anclado en una época de buenos modales y elegancia que ya no existe, arrasada por la intolerancia, la ignorancia y la maldad que representan tanto esos policías que piden documentación en la frontera, como el codicioso hijo de la viuda cuya muerte inicia toda la trama. Ésta es una mezcla de historia de policías y ladrones, comedia deadpan sutil y con un toque absurdo, historia de amor de juventud y, muy al fondo, un drama histórico ficticio (aunque no es difícil identificar qué región europea y qué guerra se está representando sin nombrarlas).

En los títulos de crédito finales se menciona que "El gran hotel Budapest" está basado en la vida y los escritos de Stefan Zweig, autor austríaco en el que se basó "Eyes Wide Shut", de Stanley Kubrick, y que fue uno de los de mayor éxito en el periodo de entreguerras. El ascenso de Hitler lo llevó a emigrar a Inglaterra y, más tarde, a América, donde acabó suicidándose en Brasil en 1942, incapaz de soportar más la situación de guerra y totalitarismo en la que había caído Europa. Esa inspiración se nota en la tristeza que aparece de vez en cuando por debajo de los tonos pastel y las simétricas composiciones de todos los planos, y también en ese traspaso de conocimientos de generación en generación que simbolizan los saltos temporales que abren y cierran la película. En realidad, "El gran hotel Budapest" gira más en torno a la narración de historias y al efecto que tienen en nosotros. El personaje de F. Murray Abraham y el propio Gustave H. impulsan la trama al contar sus recuerdos, de hecho. Y otra cosa por la que destaca mucho la cinta es por el estupendo nivel de su reparto, encabezado por un Ralph Fiennes inmenso.
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