02 abril 2014

Lo que prometía Terminus

ALERTA SPOILERS: "Never trust. Never again. We first, always". Si sabes dónde aparecen estas palabras en el final de la cuarta temporada de "The Walking Dead", puedes continuar leyendo.

Que el prometido santuario de Terminus no iba a ser tal podía sospecharse desde que aparecen las primeras señales anunciándolo en las vías del tren. Suena demasiado bonito para ser verdad y, además, recuerda demasiado a ese campamento militar de "28 días después" que, más que ofrecer refugio, da más miedo que los infectados que campan a sus anchas por toda la campiña inglesa. Toda la palabrería de que quienes llegan, sobreviven y de que hay santuario para todo el mundo termina resultando un poco inquietante de tanto verla repetida en cada cruce y en cada vagón abandonado. Nuestros protagonistas son conscientes de ello (y más después de su experiencia con el Gobernador en Woodbury), ¿pero qué más van a hacer? Dispersados tras la caída de la prisión, se encuentran a merced del hambre, los zombies y los grupos de maleantes que puedan asaltarlos en los bosques, que resultan ser más seguros que los pueblos abandonados, así que se encaminan hacia Terminus con la esperanza de, al menos, reencontrarse.

Y desde luego que se reencuentran, aunque seguramente no en la situación que les gustaría. Toda promesa de seguridad en esta serie es vacía y efímera. La granja de Hershel, la cárcel, Woodbury... Cada vez que el grupo de Rick parece encontrar un lugar en el que asentarse, aparecen los riesgos que quedarse allí entraña, riesgos que siempre van más allá de que pueda verse rodeado de caminantes, y que están extendidos por todo el mundo de "The Walking Dead". El club de campo y la funeraria que Beth y Daryl visitan hablan de comunidades de supervivientes que terminan implosionando por sus propios demonios (más el primero que la segunda), así que descubrir que en Terminus son bastante menos acogedores de lo que prometían (o demasiado, según se mire) no es más que una continuación del tema que la serie lleva tratando desde el principio; que los verdaderos monstruos son los supervivientes humanos. Y si los habitantes de Terminus son caníbales, como parece insinuar el último episodio, nos encontraremos ante la depuración última de dicho tema.

La estructura de la segunda mitad de la cuarta temporada ha sido bastante curiosa, como ya hemos apuntado en otras ocasiones. Separar al grupo y centrar cada episodio en un par de tramas, o sólo en una, ha contribuido a dibujar mucho mejor a unos personajes que nunca han estado bien retratados, y ha hecho maravillas por Carl, Michonne y Beth, además de terminar de asentar a Carol como la revelación de la entrega. Su historia con Tyreese y las dos hermanas es impactante, sí, pero más por el viaje emocional de esos dos personajes que porque tengan que asesinar a una pequeña psicópata. Ese episodio maneja muy bien la tensión y las revelaciones, y es otro ejemplo más del buen uso del sonido y del silencio que suele hacer esta serie. Sí, ha habido cosas menos logradas (un crítico estadounidense decía que los guionistas no sabían aprovechar esa Maggie "Ripley" que se ve cada vez que se defiende de los zombies), pero el tono general ha sido bastante más interesante.

Puede que la resolución final de las dudas de Rick sobre si ser un "granjero" o un monstruo esté ya un poco sobreexplotada (al fin y al cabo, era también sobre lo que giraba su enfrentamiento con el Gobernador), pero el paso definitivo al lado oscuro, por lo menos, lo saca de ese agujero de depresión y locura en el que cayó tras la muerte de Lori. Los secretos de Terminus pueden dar para un tramo inicial interesante en la quinta temporada, porque "The Walking Dead" ya funciona a fragmentos de ocho capítulos, más que con una planificación para toda la temporada. El propio Scott Gimple, nuevo showrunner de la serie, afirmaba en alguna entrevista que la emisión en dos bloques de cada entrega les permitía hacer, en realidad, dos mini-temporadas por año. ¿Qué nos contarán en los primeros ocho episodios de la quinta entrega? Da la sensación no sólo de que los habitantes de Terminus realmente se dedican a cazar (más bien, a atraer) y a comerse a la gente, sino también de que algo terrible les pasó hace tiempo, y han decidido que ésa es la mejor opción de sobrevivir y de que nada parecido vuelva a ocurrir. "Nunca confíes. Nunca más. Nosotros primero, siempre".
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