04 abril 2014

La vida de Ted

ALERTA SPOILERS: Probablemente, y teniendo en cuenta el enorme revuelo que ha organizado, ya habréis visto el final de "Cómo conocí a vuestra madre", pero por si acaso, no sigáis leyendo si no sabéis qué pintan de vuelta los perros de Robin.

Los títulos de las series pueden ser, a veces, sus peores enemigos. El de "Cougar Town" espanta a potenciales espectadores que disfrutarían de las tontunas de los amigos y vecinos de Jules, y el de "Battlestar Galactica" siempre fue visto como una barrera para aficionados a las series sesudas y serias del cable, que seguro que le habrían dado una oportunidad si no conservara el nombre de la infantiloide serie de ciencia ficción de los 70 que actualizaba. En el caso de "Cómo conocí a vuestra madre", la trampa estaba en esas cinco palabras; esa promesa de que Ted iba a contarnos cómo conoció a la madre de sus hijos, y nuestra suposición de que toda la serie se encaminaba únicamente a ese momento (y que esa trama era la única que importaba). Esas asunciones basaron buena parte de las críticas que arreciaron a partir de la quinta temporada; que si el misterio de la Madre no avanzaba nada, que si ya estaba bien de que ninguna de las novias de Ted fuera la elegida... Básicamente, cuando esta comedia se comparaba con "Perdidos", lo hacía en esos términos; había construido un enigma que tebía que resolver.

Siendo justos, Craig Thomas y Carter Bays se divertían enormemente jugando con todo eso. Ponían pistas aquí y allá que avanzaban algo la trama, pero muy poco (probablemente calcularan mal que los espectadores no se divertían tanto como ellos con ese aspecto), y mientras tanto se dedicaban a lo que realmente les interesaba, que era contar las peripecias vitales de Ted, Barney, Robin, Marshall y Lily en Nueva York, contar cómo afrontaban los diferentes "grandes momentos", como dice Lily, que van pasando en sus vidas. Nos hartamos de decir que la Madre era un macguffin, pero conforme pasaban las temporadas, y la serie iba perdiendo inevitablemente fuelle, muchos espectadores se aferraron al futuro final, y a la eventual presentación de la Madre, como si fuera a ser la respuesta a todas sus cuitas, como si un final por todo lo alto pudiera borrar mágicamente todo lo que había venido detrás. Ya hemos visto que eso nunca sale bien. Ese "Last forever" que ha cerrado "Cómo conocí a vuestra madre" no ha convencido a casi nadie, y lo ha hecho porque, paradójicamente, ha sido bastante coherente con todo lo que habíamos visto en estos nueve años.

Porque, al final, Ted acaba con Robin. La relación que inicia la serie es la que la termina, y justo ese hecho ha levantado en armas a más de media blogosfera, hasta acusando a ese capítulo de traicionar toda la esencia de la comedia (y, más paradójicamente aún, de estar demasiado planeado desde el principio). Todo depende de si pensábamos que la Madre era realmente la piedra fundacional de "Cómo conocí a vuestra madre", y es cierto que ese título llevaba a pensar de esa manera. Pero las nueve temporadas que hemos visto lo desmienten. Curiosamente, como han comentado también algunos críticos estadounidenses, al final es el episodio 200, el que cuenta la perspectiva de Tracy, el que encierra la clave del último capítulo; esta es una historia sobre la superación de la pérdida, sobre aceptar que tuviste una vida genial con alguien a quien quisiste mucho y que no puedes seguir aferrándote a esa persona años después de su muerte, que mereces una segunda oportunidad. ¿Y qué mejor manera de tenerla que con el otro gran amor de tu vida?

Thomas y Bays tenían esa última escena con los hijos de Ted rodada desde 2006 (Lyndsy Fonseca y David Henrie ya no pasan por adolescentes ni con CGI), y quizás el problema no es que se hayan mantenido fieles al plan que tenían en un principio, sino que es un final que habría funcionado mejor en la quinta temporada, por ejemplo. Da la sensación de que, tras nueve años, se aprecia cierta desconexión entre el tono de ese cierre y las últimas temporadas, pero es una desconexión que no es fácil de explicitar. Todos esos guiños al piloto, y a las primeras (y muy buenas) entregas de la comedia, facilitan que se tenga esa sensación, pero eso no quiere decir que sea un mal capítulo. Es muy de comedia romántica (y también muy de "así es la vida"), con cierta tendencia a buscar la lágrima fácil, y que sí muestra que la introducción de la Madre ha sido el acierto de una última temporada que también perdió gas con el correr de los capítulos, y cuyo experimento narrativo sonaba seguramente mejor sobre el papel.
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