27 octubre 2014

El paseo marítimo era de cartón

Más de una vez hemos comentado la peculiar situación que vivió “Boardwalk Empire” a lo largo de sus cinco temporadas en HBO, temporadas que llegaron a su final definitivo anoche. Lo tenía todo para tomar el testigo de “Los Soprano” en cuanto a reconocimiento crítico y tirón entre la audiencia, con el nombre de Martin Scorsese como gran reclamo inicial. HBO ya había conseguido llamar la atención del público más amplio gracias a “True Blood”, y lo que buscaba ahora era recuperar la atención de los Emmy y de la crítica. Tener a Terence Winter, guionista de “Los Soprano”, contando una historia de mafiosos durante la época de la Ley Seca parecía una apuesta segura, pero las reacciones a aquella primera temporada ya anunciaban el extraño limbo en el que iba a emitir el resto de sus capítulos. Contaba con sus fans, sí, pero eran bastante numerosas las voces que se quejaban de que era fría, sin corazón, demasiado perfecta.

El artículo que Tim Goodman le dedica al final de la serie en The Hollywood Reporter es un indicativo de parte de las razones por las que “Boardwalk Empire” no era discutida los lunes con el mismo interés que “Mad Men”, por ejemplo. Las piezas para lograr algo grande estaban ahí, pero sólo algunas de ellas encajaban realmente bien (o sólo encajaron al final, como afirman en Vulture). Goodman se lamenta de que se ha notado demasiado la ausencia de Jimmy Darmody y de que una de las principales virtudes de la serie, que era introducir secundarios que enseguida eran interesantes, tipo Richard Harrow o Gyp Rosetti, acababa yendo en detrimento de los personajes alrededor de los que giraba la trama. Nucky era un tipo complicado, y Steve Buscemi estaba muy bien como él, pero es cierto que, por ejemplo, la trama neoyorquina de Arnold Rothstein y Lucky Luciano aparecía mejor armada desde el principio, aunque para muchos espectadores fuera una distracción.

No es que “Boardwalk Empire” haya pasado cinco temporadas sin pena ni gloria por HBO. Sus audiencias eran bastante decentes, moviéndose en sus buenos momentos alrededor de los tres millones de espectadores, y tuvo varias nominaciones al Emmy a mejor drama y a mejor actor y actriz, y hasta logró premio al mejor secundario para Bobby Cannavale (y un Globo de Oro para Steve Buscemi), pero el listón que se había autoimpuesto (y por el que la juzgaban los periodistas) era demasiado alto. Con “True Blood” como entretenimiento popular pulp, “Boardwalk Empire” tenía que ser la serie de prestigio de HBO, y nunca pudo estar a la altura más que a ratos. No es que fuera mala, pero no era lo suficientemente buena y, sobre todo, no lo era con la consistencia que hacía falta para suceder en el trono a “Los Soprano”.

Para más inri, cinco meses después del final de su primera temporada, HBO estrenaba “Juego de tronos” y, en apenas temporada y media, había usurpado los puestos tanto de “True Blood”, en cuanto a éxito masivo, como de Nucky Thompson en lo que respecta a prestigio crítico. “Juego de tronos” también tardaba en lanzar su trama y pasaba unos cuantos capítulos preparando el escenario para la gran traca final, como es costumbre en los dramas de la cadena, pero tenía algo más de chispa, no estaba abrumada bajo el peso de la ambientación perfecta y de que Martin Scorsese hubiera dirigido su piloto. Es probable que “Boardwalk Empire” no haya tenido la repercusión que se esperaba de ella porque nunca pudo librarse de esa sombra. Le faltaba esa creación en el espectador de una sensación de urgencia por ver el siguiente episodio para romper la fachada impoluta que presentaba, por mucha sangre que se vertiera en el paseo marítimo de Atlantic City.

Música de la semana:  "The Blacklist" tiene algunas elecciones musicales curiosas, como elegir "Go it alone", de Beck, para ambientar un pseudo-streaptease en sombras.
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