15 octubre 2014

Lo oscuro es lo normal

Lo extremo se ha vuelto mainstream. Es la idea detrás de un artículo de Time, que extrae esa conclusión a partir del último récord de audiencia de “The Walking Dead”, récord que ha ido superando año a año, con cada estreno de la nueva temporada. En la demo joven, sus 8,8 puntos ganan a los mejores datos en ese aspecto hechos por “The Big Bang Theory”, y el fenómeno desatado a su alrededor por todo lo relacionado con el apocalipsis zombie no tiene visos de pararse. En Time apuntan también que la época convulsa e insegura en la que vivimos lleva a que se apueste más por historias ambientadas en distopías y en mundos que se acaban porque se ha interiorizado la idea de que, realmente, el mundo puede estar a punto de acabar en cualquier momento. Los 80, con su paranoia por el final de la Guerra Fría, y finales de los 90, con los “miedos” por la llegada del nuevo milenio, vieron también un repunte de ese tipo de historias, pero quizás no hasta el extremo que ejemplifica el gran éxito de “The Walking Dead”.

Quizás se ha llegado también a ese “lo extremo se ha vuelto mainstream” a través de películas de terror muy gráficas, como la saga “Saw”, y a la tendencia televisiva de que los antihéroes y las tramas oscuras son lo único que merece la pena considerar a la hora de hablar de “series de prestigio”. Los títulos del cable quisieron imitar la violencia y el lado oscuro de “Los Soprano”, por ejemplo, obviando que había también mucho sentido del humor en ella, y cada vez que se recupera una vieja serie de los 70 o los 80, la clave para diferenciarla del original es hacerla más oscura (ahí también tiene parte de la culpa “Battlestar Galactica”). Se ha llegado a un punto tal de saturación, que es normal que “The Good Wife” parodie esas series que se regocijan en la oscuridad y en la amoralidad de sus protagonistas, presentándolas como sus pretensiones de trascender y de ser consideradas obras de arte. La propia “The Good Wife” puede ser muy cínica y muy amoral, pero se lo toma con un poquito más de cachondeo. No me imagino a ningún personaje de “Ray Donovan” referenciando el discurso de la pastilla azul y la pastilla roja de “Matrix” como hace Eli Gold.

Las audiencias se jactan de haberlo visto todo, de haberse vuelto más exigentes, de ser menos pacientes con quienes intentan darles gato por liebre, así que busca impactarlas enseguida, mantenerlas constantemente en guardia con giros imprevisibles en la trama, la sensación de que nadie está a salvo de morir y una atmósfera que deja a la ciudad de “Seven”, o a la de “Dark City”, a la altura de la playa más soleada del Caribe. La pugna interior en “Gotham” por abrazar la oscuridad, que ya no es en absoluto novedosa al hablar del universo de Batman, o permitirse un toque algo más liviano es lo que impide que acabe de cuajar, por ejemplo, pero es que tampoco todos los mundos pueden ser tan deprimentes como el de “The Killing”. A algunas historias les va más esa oscuridad, y otras no dejan de ser interesantes pese a centrarse más en una familia normal y corriente cuyos mayores problemas no son que sus vecinos sean muertos vivientes, sino que son unos gorrones que siempre están mangoneándoles. La oscuridad, a veces, lo único que hace es impedir que, de primeras, se vean los defectos, pero se ven. ¿O no es eso a lo que nos referimos cuando decimos que nos hemos vuelto más exigentes?
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