20 octubre 2014

La pasión de los fans

A veces, subestimamos la pasión con la que los fans ven su serie favorita. No es sólo que les guste y les entretenga, sino que llena buena parte de sus horas de ocio con otro tipo de actividades relacionadas con ella, y que van más allá del visionado de cada episodio. Los comentan por Twitter y foros, comparten gifs con los mejores momentos por Tumblr, hacen vídeos homenaje a los personajes que cuelgan en YouTube, organizan clubes de fans y páginas web dedicadas a esa serie en concreto, escriben fanfics y, si se organiza una votación online para elegir la mejor serie emitida en 2014 en España, moverán cielo y tierra para que su serie acaba lo más arriba posible en ella. Alrededor de la serie se forma una comunidad de gente que comparte su pasión por ella, y es una comunidad muy activa y muy ruidosa cuando llega el momento de defender la serie en eventos como el Birraseries Fight Club que cerró la edición de este año del Festival de Series.

El debate y competición entre las ocho series que habían superado la fase inicial de votos a través de la web de Birraseries llegaba precedido por cierta controversia sobre la cualificación de algunos títulos para estar en el Elite Eight (en los cuartos de final, que diríamos). Se cruzaron por Twitter las opiniones de quienes estaban ojipláticos de ver cómo “Arrow” y “Beauty and the Beast” subían por delante de títulos como “True Detective” o “Fargo”, con quienes proclamaban a los cuatro vientos las razones por las que estaban enganchados a esas series, y el animado y en ocasiones descontrolado ambiente que se vivió en el gran enfrentamiento final del domingo por la tarde no hizo más que exponer, una vez más, la pasión y la entrega con la que el fandom vive su programa favorito. Dejando de lado la vieja (y a veces bizantina) discusión de qué hace que una serie sea buena, lo que quedó muy claro es eso; tener un grupo de fans entregados es todo un tesoro.

Y un arma de doble filo. Los fieles más acérrimos del show lo defenderán a capa y espada de todo lo que consideren una crítica injusta, lo promoverán por todos los medios imaginables y harán todo el ruido posible para darle más visibilidad, pero toda se entrega puede transformarse en una virulencia extrema si su amor pasa a ser decepción. No hay crítico más feroz que un fan desengañado, y Damon Lindelof y Carlton Cuse lo saben muy bien. El fandom puede organizar campañas para salvar su serie de la cancelación, y hasta poner dinero de su propio bolsillo para que regrese de algún modo de entre los muertos, pero ay de la serie que pierda su favor. No es que dejen de verla, es que el hate-watching será el modo por defecto con el que se acercarán a ella.

Los fans pueden llegar a los extremos de ser más papistas que el Papa, de creer que saben lo que es mejor para la serie de una manera mucho más acertada que sus guionistas y creadores. Pueden convertir en su pasatiempo preferido no ver y disfrutar cada episodio, sino dedicarse a buscar errores, a quejarse amargamente por rumores de giros en la trama antes de haberlos visto. Pueden ser tanto un maravilloso activo para las series, como un tremendo incordio (siempre pensaré que, en cuanto una serie deja de gustarte, lo que hay que hacer es abandonarla, no entregarse a la autoflagelación,  pero hay gente para todo). La voz del fandom se deja sentir con mucha fuerza siempre que hay votaciones populares, y lo curioso es que suelen surgir los mismos comentarios sobre quienes ganan dichas votaciones que cuando una serie que no es del gusto mayoritario de Twitter se lleva el Emmy, y que se resumen en “no tiene calidad para estar ahí”. Lo que tiene es un grupo de fans entregados a la causa. La calidad, en cuanto a de qué cosas somos fans, es subjetiva.
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