01 octubre 2014

Otras músicas


Cuando se habla y se habla sobre la relevancia que tienen las series de televisión actualmente, y se saca otra vez a colación esa máxima, ya muy gastada y muy controvertida, de que el mejor cine se hace en la tele, siempre se está haciendo referencia a los guionistas que impulsan dichas series. El viejo adagio de Hollywood afirma que el cine es un medio de directores, mientras la televisión es de guionistas, así que éstos se han convertido en las verdaderas estrellas de esta década del boom de popularidad, y prestigio, de la ficción de la pequeña pantalla. Sin embargo, en los últimos tiempos, se ha ido reivindicando el papel que otras personas juegan también en la puesta en marcha de cada capítulo. El rol de los directores cada vez está más reconocido (probablemente, fue “Breaking Bad” quien tuvo la culpa de esto) y, al mismo tiempo, se presta más atención a más aspectos que no sean sólo la escritura y las interpretaciones.

El diseño de vestuario, por ejemplo, ha vivido su propio renacimiento gracias a las series de época que fueron llegando a las pantallas después de “Mad Men”. A partir de la fascinación que los críticos estadounidenses sentían por la serie, y gracias a la influencia que su estilo empezó a tener en las revistas de moda y tendencias, otros títulos comenzaron a mirarse con ojos similares. Los estilismos de Diane y Alicia en “The Good Wife” se observan con el mismo interés que el resto de la serie (que figura entre las mejor dirigidas de la televisión actual), y en lo que respecta a vestuarios de época (o pseudo-fantásticos), a la admiración por los de “Juego de tronos” y “Downton Abbey” (que se permite utilizar a veces trajes originales de los años 20) se ha unido el gran trabajo que hacen en “Defiance” con los castithans y al cuidado en el detalle que se pone en el de “Outlander”. De todos modos, uno de los aspectos que están resultando más interesantes de observar en las series de los últimos años es su banda sonora.

Hace algún tiempo comentamos cómo Michael Giacchino, en “Perdidos”, y Bear McCreary, en “Battlestar Galactica”, habían elevado el arte de la música para series de televisión al mismo nivel que el de la cinematográfica, recuperando las bandas sonoras orquestales en una época en la que, con contadas excepciones, se optaba más por colecciones de canciones o por melodías muy genéricas. Ambos compositores eran tan importantes para crear la atmósfera de la serie como los guiones, la dirección, el diseño de producción o los actores, y desde aquel ya lejano 2004, este asunto ha ido evolucionando hasta encontrarnos este año con algunos ejemplos muy peculiares de bandas sonoras televisivas ligeramente diferentes. Por supuesto, el “jefe” en esto es Brian Reitzell, responsable de los paisajes de pesadillas sonoras de “Hannibal”, que, curiosamente, participó muy brevemente en una de las bandas sonoras más originales de la televisión estadounidense reciente, la que Johnny Klimek y Reinhold Heil hicieron para “Awake” (es aún más curioso que ambas series compartan también al director David Slade).

La música más ambiental que otra cosa domina igualmente el trabajo que dos componentes de Sigúr Ros, Jónsi y Alex, aportan a “Manhattan”, otorgando a una serie ambientada en los 40 una paleta sonora muy poco de época. La idea se lleva más hasta el extremo en “The Knick”, donde Cliff Martinez se lanza directamente a la electrónica, lo que ya es una pista de cómo abordó Steven Soderbergh este proyecto. Ya que antes comentábamos “Outlander”, en sus primeros tres o cuatro capítulos reforzaban la sensación de foraneidad de Claire Randall en el siglo XVIII utilizando swing de los años 40 en escenas ambientadas en el castillo Leoch. Y el propio McCreary mezcla a veces la electrónica con composiciones más orquestales en “Defiance”. Estas diferentes maneras de abordar las bandas sonoras se apoyan también en lo que gente como Trent Reznor y Atticus Ross hacen para las películas de David Fincher, pero el premio a la música cinematográfica más peculiar, y alienígena, del año se lo tiene que llevar Mica Levi por “Under the skin” (en España, por cierto, es muy notable la banda sonora, también más por el lado ambiental, que Julio de la Rosa ha hecho para la muy recomendable “La isla mínima”).

P.D.:  Por cierto, el segundo por la izquierda en la foto de arriba es Cliff Martínez durante su etapa como batería de Red Hot Chili Peppers.
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