15 junio 2009

No es amor, sino obsesión

Resulta mucho más fácil de lo que parece identificarse con lo que Nick Hornby cuenta en "Fiebre en las gradas". No es necesario que nos pase como a él y asociemos los momentos importantes de nuestra vida a partidos de fútbol (ni siquiera es necesario que nos guste el deporte), pero la descripción que se hace en sus páginas del comportamiento y la psicología de un obseso es perfectamente adaptable a cualquier otra faceta del entretenimiento, ya sean juegos de rol, música, libros, películas o series de televisión. Cualquier aficionado a las series que tenga un blog es, como le ocurre a Hornby con el Arsenal, un poco obseso. Las asociaciones a lo magdalena de Proust se vuelven mucho más peregrinas y peculiares cuando uno es un friki reconocido de cierta cosa.

Puedes escuchar "La femme d'argent", de Air, en un evento social y pensar inmediatamente en "Verónica Mars"; puedes encontrar las alusiones más crípticas a viejas series de los 80 en productos adolescentes como "Hannah Montana"; puedes incluso acabar como Remington Steele y usar tramas y citas de películas de cine negro para tu vida diaria (él las usaba para solucionar los casos en los que trabajaba con Laura Holt, pero tampoco vamos a ser tiquismiquis). Tu vida puede organizarse más según las temporadas televisivas yanquis que el calendario normal (otoño de septiembre a diciembre, midseason de enero a mayo, y luego ya el hiato veraniego, en el que hay que informarse de los upfronts, los pilotos del año siguiente y las presentaciones en Comic-Con y en la gira de los críticos de televisión), y tus conversaciones pueden otorgarle más importancia a intentar averiguar por qué demonios en los Emmy siempre ganan los mismos.

El summum de esta obsesión sería hablar fluidamente klingon (no aprenderte un par de frases de cortesía, y ya), dejar que los mandamientos del blog de Barney Stinson rijan tu vida social, organizar tus compromisos alrededor del horario de emisión tu serie favorita (nada de quedar para ir al cumpleaños de tu mejor amigo el viernes, que es el día que tú ves el capítulo de "Perdidos" del día anterior) o tener un episodio de "Friends" para explicar cualquier misterio vital que se te ponga por delante. Además, un fanático de verdad alimenta su obsesión día a día leyendo y viendo todo lo que se le pone por delante, y conociéndose al dedillo los LiveJournals de fans que resumen un episodio con capturas de pantalla de cada escena.

Por supuesto, sufrir esta obsesión en otra persona es un tostón si no compartes sus gustos (un fanático del golf que todo lo vea en hándicaps que hay que mejorar puede ser superior a mis fuerzas), pero siempre es divertido encontrar otros frikis como tú con los que comentar el último episodio de "True Blood", hacer causa común para lograr que todo el mundo se trague las siete temporadas de "El ala oeste de la Casa Blanca" en un maratón imposible de dos semanas, y pasarte horas y horas en un Starbucks (con una única consumición) diseccionando hasta qué punto el fichaje de Heather Locklear salvó a "Melrose Place" de la cancelación. Un fanático puede ser muy feliz sólo con ver una foto nueva de su serie favorita que no había descubierto hasta ese momento, pero también nos volvemos muy exigentes con quienes consideramos unos advenedizos. Como dirían en "Pushing daisies", "The facts were these".

Música de la semana: El fin de semana ha sido un poco movidito, así que la elección musical llega un poco más tarde de la habitual. En este caso llega directamente desde un anunció de champú que emplea de banda sonora "Golden skans", de Klaxons.
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